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 Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P

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Kyra
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MensajeTema: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Jue Mar 11, 2010 11:14 pm

"Normandie" Por Norman Cloud y Andie Reed Los primeros colonos que llegaron y fundaron la ciudad. Por un tiempo la ciudad se llamo costa plateada pero cuando los indios atacaron, los fundadores perdieron sus vidas proteguiendo la ciudad, por lo que esta se nombro en su honor.
Una ciudad situada al lado del mar. Con un pequeño puerto, estacion de trenes y todo lo basico para que sea una ciudad promedio. Es una ciudad normal, llena de distintos tipos de personas como cualquier otra ciudad.
Pero eso no quita que sea solo "otra" ciudad. Cada ciudad tiene su historia, por eso cada ciudad es distinta una de la otra y nunca hay "solo otra" ciudad.
Sin importar el tamaño o la cantidad de habitantes, una ciudad guarda una enorme cantidad de historias. Algunas tristes, otras alegras y otras no tanto, de amores y desamores, amistades y enemistades... Esta es solo una de esas tantas historias... disfruntenla ^.^

Primera Historia "Fate"

Cap 1: Inicio ¿Suicidio?

Como siempre volviendo a mi aburrida casa de mi aburrida escuela donde nada bueno pasa solo cosas aburridas. Mis compañeras de curso solo piensan en chicos, bandas, actores, hombres, etc. cuando lo hacen los ojos se les llena de un despreciable brillo en los ojos que me provoca ganas de vomitar ¿Como se pueden emocionar tanto por personas que ni conocen? Esas mismas personas pueden ser atorrantes, mentirosos, estafadores, pueden ser todo lo contrario a lo que aparentan. Eso es muy probable, realmente no importa lo bueno que aparenta ser una persona ya que todos los humanos tenemos la habilidad de mentir y engañar. Como el dicho: "No hay que juzgar a un libro por la portada" es lo mismo. Las personas pueden aparentar ser algo que no son. Y cuando digo todas las personas, son TODAS LAS PERSONAS, nuestros padres el vecino, nuestros conocidos, cualquiera puede aparentar algo que no es. Nos pueden mentir. Y luego salen con que fue nuestra culpa por no comprenderlos mejor cuando en realidad ellos nunca se explican claramente. Mis padres son unas de esas personas, mis hermanos y hasta yo lo soy.
Durante toda mi infancia fingí ser la nena de mamá y papá, fingí ser la chica diez que aprobaba todo y a la vez se trataba falsamente bien con el resto de los ineptos de la clase. "Falsamente" porque nunca fui realmente yo, al menos nunca me sentí de esa manera. Siempre fingí que me gustaba algo cuando en realidad no despertaba nada en mi, siempre decía que si ya que era incapaz de decir que no por miedo a quedar sola y si les negaba algo pensaba que me podían odiar. Durante mi infancia tenia miedo de la soledad, no quería estar sola ni tampoco sentirme odiada por los demás, en pocas palabras era débil y mucho.
Pero ya no es así. Desde que entre a esta nueva escuela, el año pasado, tuve una revelación. Ya no mentiría mas, ya no me mentiría mas a mi misma. Estudiare porque debo hacerlo, es divertido como el resto de la clase me critica por lo bajo porque yo saque la nota mas alta del curso mientras que ellos desaprobaron o aprobaron con lo justo. En esos casos buscan un defecto del profesor o profesora para justificar la nota tan baja (Siempre la culpa la tiene el profesor, dicen ellos). Las reacciones en sus rostros cuando les digo tranquilamente "Saque diez" o "Saque nueve" y ellos responden : "¡Felicidades!" con falsa emoción mientras que realmente piensan: "Hija de su madre" y algunos otros insultos que no me molestare en recordar. Cuando uno me dice realmente lo que piensa se gana un poco de mi admiración y respeto. Mis compañeros de curso( Porque para solo son eso, no hay nadie que considere "amigo") ya se acostumbraron a mi fría actitud y a que yo sea antisocial, mis padres también se acostumbraron a que no les hablara tan seguido como antes y a mi fría actitud . Aun que si uno viene y me pregunta o pide algo lo considero unos segundos, para saber si tengo ganas de hacerlo y si gano algo a cambio, y luego respondo. La mala suerte que tuvieron ellos fue que todas las veces que me preguntaron tenia un humor de perros por algo que haya pasado en casa y les respondí con un fuerte y rontundo: "No". No me importa ni me interesa tener amigos, yo solo trato de saber quien soy en verdad. La actitud que he tomado desde hace casi dos años es lo mas cercano a paz espiritual que he encontrado, y me gusta.
Caminando de regreso a casa hay un jardín de infantes, "Kinder" como lo llaman en algunos lugares del planeta. Me gusta ese lugar, ya que cada vez que paso los niños juegan en el patio con los columpios, a la pelota, a la rayuela, saltando la soga o a la bolita. Esa expresión de inocencia, alegría sin razón, el solo hecho de querer jugar sin importarles el resto del mundo me encanta. Siempre paso caminando, ya que se me complica andar en bicicleta con una falda ( por el uniforme de mi colegio), además de ser un buen ejercicio caminar unas veinte cuadras. Uno de los niños es un pequeño rufián o futuro pervertido, siempre intenta levantarme la falda y cuando lo hace (un descuido de mi parte) recibe un golpe en la cabeza en respuesta y mas tarde la profesora le manda hacer algo como castigo. Cuando tengo tiempo juego un rato con ellos, a la pelota con los chicos o a la soga con las niñas y/o a la escondida también. No sé como lo hacen pero ellos me contagia su energía y alegría, cuando los veo siento algo calido en mi interior y se siente bien, es reconfortante.
- ¡Miren! Es la señorita Marina.- dijo unos de los niños al verme, el mas respetuoso de todos.
- ¡¿Marina?!- dijeron los otros chicos al amontonarse sobre la pequeña reja para poder verme. La maestra los miro y luego me miro a mi, siguió haciendo lo que hacia ya que me conoce.
- Mari.- dijo una de las niñas con una sonrisa.- ¿Juegas con nosotros hoy?- dijo con la soga en la mano, Lily se llama la niña.
- Antes de eso.- interrumpió uno de los chicos, Facundo.- ¿Nos podrías bajar la pelota que se quedo en el árbol?- pedía con vergüenza ya que fue él quien la pateo y quedo atrapada en las ramas.
- Claro.- dije con una sonrisa y salte la pequeña reja. Con los niños puedo sonreír porque siento que esta bien hacerlo y me siento bien al hacerlo. Escale el árbol con facilidad ya que no era la primera vez que lo hacía y baje con la pelota de fútbol.- ¿Pelota nueva Facundo?- pregunte al devolvérsela porque no era la misma pelota que normalmente patea hacia el árbol.
- Sip, regalo de cumpleaños.- dijo orgulloso. En ese momento mis sentidos despertaron y di dos pasos para atrás, en el segundo en que lo hice el niño futuro pervertido paso corriendo delante mio. (Si no me hubiera movido me habría chocado y logrado su cometido). Y se detuvo varios pasos lejos de mi, le costo detenerse.
- ¿Muy apurado Julian?.- le pregunte victoriosa ya que no pudo levantarme la falda.
- Ya veras.- me decía algo enfadado porque al esquivarlo dañe su orgullo.- ¡Mañana viernes lo haré! ¡Te levantare la falda!
- Solo intentalo chiquillo.- dije retandolo, aun que siendo él un niño de seis años no es realmente un insulto. Lily se acercó a mi de nuevo.
- Juegas con nosotras? - me pregunto haciendo su característica cara de cachorro mojado con la que compra al padre y a la madre.
- Lo siento, pero hoy tengo una cena familiar y tengo que ir a ayudar.- dije al agacharme para estar a su altura.- Mañana vendré y jugare con ustedes.- dije con una sonrisa para tranquilizarla
- Esta bien.- dijo resignada.- Pero mañana saltamos.-
- Si, mañana saltamos.- le asegure y me levante.- Nos vemos mañana chicos- me despedí de ellos mientras saltaba la reja para volver al camino.- No olviden de abrigarse bien. Esta muy fresco hoy.- les grite
- ¡Hasta mañana!.- dijeron todos a la vez.

Comencé a correr porque ya se me había hecho tarde. Vivo en una ciudad situada en la costa atlántica, estamos en pleno invierno por lo que me estoy congelando. Mi país esta al norte del continente, es grande pero como las personas que lo gobiernan son unos completos inútiles no somos capaces de estar en un alto nivel como Estados Unidos o Japón. La ciudad se llama "Normandie", no es muy grande pero tampoco es un pueblucho. Tiene su estación de ómnibus, municipalidad, estación de trenes, puerto y otras cosas mas que no me interesan. Miré mi reloj, no podía creerlo que había perdido una hora media hora en el colegio por hablar con la secretaria porque necesitaba unos papeles, diez minutos hasta llegar al kinder, diez o quince minutos que tarde ahí hablando con los niños, y tendría que pasar unos 20 minutos mas hasta llegar a casa ya que hay una construcción que esta en el medio y no debo cruzar por lo que me tengo que desviar. Hice cálculos mentales, si tomaba el camino largo se harían casi las cinco. (El horario de salida del colegio es a las tres y media de la tarde pero el profesor nos quería hablar de algo por lo que se tomo unos quince minutos, luego la charla con la secretaria y la búsqueda de los papeles para el trabajo de mis padres) Y eso estaba mal, la cena es a las siete y tardo una hora en bañarme y debía ordenar un poco las cosas para la llegada de los invitados de mis padres y de seguro estos llegan veinte minutos antes.
No me queda mas remedio que atravesar la construcción. Aceleré mi paso, suponiendo que solo seria saltar un par de barras y escapar de los obreros. Jamas pensé que pasaría lo que paso.

El viento helado golpeaba en mi rostro, sentía también como mis mejillas se iban calentando a medida que corría, ya podía divisar las bayas que señalan el final de camino, las señales de construcción para alejar a los civiles. Aumente mi velocidad y salte una de las bayas. Seguí corriendo, generalmente esas bayas las ponen a unos cincuenta u ochenta metros de distancia. Avancé y divisé otra baya, hice lo mismo que con la anterior, la salté y estuve a punto de caer a un profundo hoyo. Mis reflejos me salvaron, logre detenerme antes de resbalar y/o caer.
Mis pies se clavaron al suelo que estaba resbaloso, por el impulso mi cuerpo se inclino hacía adelante pero logre impulsarme para atrás. Inhale aire, tratando de calmarme y mire a mi alrededor: había maquinas de construcción, escabadoras, materiales de construcción, y otras cosas mas que ni idea de cómo se llaman. El hueco era enorme y profundo, parecía que estaban escabando para hacer varios subsuelos. Me acerque al borde para mira hacia abajo, había tubos, mas maquinas, elementos de construcción. La tierra estaba algo húmeda, tal vez por la lluvia de la noche anterior. La caída pendiente algo inclinada, no recta pero si uno cayera sería igual de dañino y sería un largo camino hasta el suelo; al otro lado vi una especie de rampa por donde de seguro subirían y bajarían las maquinas. Mi vista se dirigió al frente, ahí estaba la calle que si la tomaba estaría a menos de cinco calles de mi casa.
Tendría que rodear el hueco para llegar ahí. Me incline a mi derecha para empezar hacerlo.
-¡Cuidado!- me grito alguien, en ese segundo el suelo bajo mis pies se desmoronó y comencé a caer.
Rodé por la tierra, di un par de vueltas con dirección al suelo. Cuando mi espalda choco contra el suelo creí sentir que algo en mi mochila se rompía, lo mas seguro la regla de treinta centímetros. Di otro par de vueltas y apareció una enorme figura de un hombre que me abrazo y me protegió de la mayoría de los golpes e la caída. El hombre era, físicamente, más grande que yo. Mi rostro quedo enterrado en su pecho mientras caímos y sus brazos me rodearon y sostuvieron la cabeza protegiéndome. Seguimos rodando, él recibiendo la mayoría del daño, hasta llegar a un montón (Por no decir montaña) de lonas que amortiguaron nuestra caída, pero aun así el hombre cayó en su espalda para protegerme. Nuestra caída hizo un gran ruido. ¿Adónde habían ido los trabajadores? No me di cuenta pero desde que salte la baya no vi a nadie.
Me quite de encima del hombre, a quien aun no le había visto el rostro, me puse a su lado y lo mire fijo al rostro.
- ¿Te encuentras bien?- dije preocupada. Lo miré, no era un hombre mayor. Tendría mas o menos mi edad o un poco mayor. Joven, apuesto de rasgos finos. Tenia el cabello rubio, los ojos cerrados por la caída, y era rubio natural porque sus cejas eran del mismo color. Comenzó a levantarse, solo se sentó ahí mientras se tomaba la cabeza con una mano y con la otra se apoyaba para poder sentarse. Pude ver su cabello, le llegaba hasta el cuello, la parte del flequillo le quedaba hasta el nivel de la boca y tenia varios mechones de cabello sobre el rostro, no pude ver sus ojos.
- ¿Cómo puedes preguntar eso? Caímos desde varios metros de altura.- respondió con los ojos cerrados por el dolor de la caída supuse y no de una manera dulce, mas bien gruñona.
- Yo lo – estaba apunto de disculparme pero él me interrumpió.
- Si quieres suicidarte ve hacerlo a otro lado.- abrió sus ojos y los clavó en mi, parecía molesto.- Pero no vengas a aquí a estorbar. Si encuentran un cuerpo en la construcción la obra se parara y no se les pagará a los obreros.
- ¿Suicidio?- balbucee.
- Y todo el quilombo de los policías, los forenses, todo será una gran molestia.- se quejo mientras se paraba, yo me quede ahí en el suelo sin entender a que se refería.- Si quieres matarte hazlo, pero ve a otro lado y no estés molestando a los demás. Hay gente que tiene problemas y no huye de ellos.- comenzó a alejarse de mi.
- ¡Yo no me quería suicidar!- grite al levantarme y pararme firme. En ese momento no me dolió nada por lo que supuse que no tenía nada roto.
- Shhhh!! – se acercó rápidamente a mi y me tapo la boca con su enorme mano, era algo áspera. Y me empujo contra la pared para que no nos vieran.- ¿Quieres que los obreros nos encuentren?.- susurro, como se dio cuenta que no podía responder al tener su mano en mi boca la quitó.
- No quería suicidarme.- hablaba bajo.- Salté la baya pensando que podía seguir corriendo, no sabia que la tierra estaba tan blanda como para desmoronarse así.- me explique pero él solo le importaba que no nos atraparan porque estaba mirando hacia el alrededor y no me prestaba atención.- ¡Oye! Al menos escúchame cuando te hablo.- le tome el hombro para que girara hacia mi y me mirara.
Y lo hizo, sus ojos se clavaron en mi. Eran ojos ámbar, color miel creo. Una mirada felina y fría estaba fija en mi, claramente no le agradaba el modo en como le hable y menos que lo tocará.
- ¿Qué es lo que quiere la niña suicida?- dijo en tono burlón y claro sarcasmo.. Este tipo me estaba empezando a sacar de quicio, por su modo de mirarme como si fuera superior a mi, su manera de hablarme como si yo fuera solo basura.
- Discúlpeme joven con complejo de superheroe.- dije de la misma manera en como me habló él.- Pero nadie le pidió a su majestad su ayuda.- dije haciendo notar que se metió en donde no lo llamaron. Antes de continuar mi mochila comenzó a hacer ruido.
Era mi celular, lo saque vi un mensaje de mi madre preguntándome en donde estaba. Le respondí con un simple “Voy en camino”.
- Me voy.- dije al ponerme de nuevo la mochila, quitarme un poco la tierra de encima al sacudirme la falda. Y pase a su lado.
- Adiós chica suicida.- dijo
- Hasta nunca su majestad.- respondí y comencé a correr de nuevo.

¿Quién se creía ese tipo? Esta bien, me salvó la vida y todo lo que quieran decir pero no por eso debía tramarme así. ¿Suicido? ¿Yo? Eso es algo que nunca haría incluso en mis peores días. Estaba tan enojada que no me importó en los mas mínimo las punzadas de dolor que sentía en la espalda y seguía corriendo aumentando cada vez mas mi velocidad.
Llegue a casa hecha un desastre. No pude quitarme todo el lodo de encima. Me di un baño primero, luego pude ordenar las cosas y pasar la aspiradora. Mi madre había también limpiado un poco por lo que no estaba tan sucio y ahora se encargaba de preparar todo para la comida. Pude terminar todo y tomarme cinco minutos en el sofá. Me dolía el cuerpo, tenia algunos tantos moretones en la espalda y otros en las piernas. Tenia una camiseta manga larga blanca, un chaleco negro abotonado que era mas corto que la camiseta, una pollera negra con tablado, una medias blancas y zapatos negros. Todo de tal manera que no se me notaban algunos moretones que tenia en las piernas. Mire a mi alrededor, todo ordenado, todo estaba listo.
- Marina.- mi madre me hablaba desde el umbral que separa al living del recibidor.- Esto es importante para tu padre, sabes como a él le gusta mucho entablar amistades.- nunca he entendido porque siempre da tanto preámbulo para decir algo.- Va a venir con su nuevo compañero, la esposa de él y su hijo. Sería genial si fueras amable con ellos. Y mucho mejor si te haces amiga de su hijo.
- Quieres que sonría falsamente, finja amabilidad. ¿No es así?
- No sería mentir, mas bien actuar de la manera contraria a lo que sueles ser.- es lo mismo con otras palabras. Suspire.
- Haré un intento pero no prometo nada.- dije resignada. Como era la primera vez que mi madre me pedía algo en mucho tiempo, supuse que era mejor hacerlo. Esta bien, no es mi estilo hacerlo pero pensé que sería divertido. Además de que quería pensar en otra cosa además de las punzadas de dolor en la espalda y en las piernas. Si me obligaba a actuar a mi misma, el dolor no seria tan molesto y lo superaría hasta que sea hora de dormir.
Mi madre se sorprendió, se acomodó un mechón de su rubio cabello corto detrás de la oreja para disimularlo. Ella llevaba una falda lisa gris larga hasta por encima de los tobillos, un suéter marrón con algunos bordados de flores que le tapaba el cuello casi por completo. Esa vestimenta resaltaba su esbelta figura que, a pesar de sus años, no había perdido su resplandor ni su belleza. Yo había visto fotos de cuando ella era joven, cuando conoció a mi padre. La única diferencia son unas pequeñas arrugas en el rostro y que su cabello no es tan brilloso como antes, pero aun así sigue brillante. Es tan alta y hermosa que desde lejos, y si uno no la conociera, podría decir que es una super modelo. Ella me había confesado en algún momento que en la época en que conoció a mi padre ella posaba en revistas y desfilaba en ocasiones, pero siempre en secreto por su familia. (Personas a quien nunca conocía. Mis padres son mi única familia. Otra razón para hacer esto.) Ella tiene treinta y seis años.
En el momento en que recordaba eso sonó el timbre. Mire el reloj de la sala, como lo imaginé, veinte minutos antes. Mi padre había llegado hace unos veinticinco minutos así que sabía muy bien que no podía ser él. Me acerque a mi madre y ella miro hacia las escaleras. Mi padre bajaba lento y con desagana mientras se sacudía el cabello castaño oscuro (a veces parece negro) aun húmedo, estaba algo agotado pero entusiasmado. Tenía un extraño brillo en los ojos.
Mi padre es un hombre de cuarenta y un años, dentro de unos meses cumplirá cuarenta y dos. Detective de homicidios, muy bueno y elogiado por sus compañeros. Llevaba puesta una camisa blanca y una corbata marrón, el pantalón de vestir y el saco que se estaba poniendo eran de un marrón un poco mas claro que la corbata. Era un regalo de mi madre, y aun que a él le gusten colores mas oscuros (Azul, negro, gris) debía usarlo porque nunca se puede negar a una petición de mi madre.
- Voy a abrir.- dije y me encamine hacia la puerta, mi madre le acomodo a mi padre rápidamente la corbata que la tenía torcida. Abrí la puerta y vi a un hombre y a una mujer.- Buenas noches.- dije con una sonrisa disimuladamente falsa. El hombre tenía un sobretodo puesto de color marrón como el cuero. (Me pregunto si todos se pusieron de acuerdo al vestir de marrón hoy.) Y un traje azul oscuro. Tenía el cabello corto y era de un castaño mas claro que el de mi padre.
- Blackbird.- le llamo mi padre.- Veo que no te has perdido para llegar.- con un tono chistoso y una media sonrisa en el rostro.
- Por favor, llámame Miguel- respondió el hombre.- Además me diste buenas indicaciones.
- Usted fue muy amable en hacerle un mapa a mi esposo.- dijo muy educada la señora, esposa al parecer, del señor. Ella llevaba un abrigo grueso, unos jeans y al parecer una remera roja. Traía un taper en sus manos. Le dio un leve codazo a su esposo quien obviamente se había olvidado por un segundo que su esposa estaba presente y que no hizo la presentación adecuada.
- Perdón. Ella es mi esposa Ariel.- dijo avergonzado por desviarse un momento.
- Un gusto.- dijo mi padre al acercarse y darse un suave apretón de manos como saludo entre él y la señora Ariel, y luego con su compañero.- Ella es mi esposa Susan.- presentó a mi madre.
- Encantada.- dijo mi madre con su acostumbrada sonrisa, saludó al señor Miguel y a la señora Ariel, y agarro el taper que esta le ofrecía.
- Es una ensalada Rusa, es que no sabíamos que más traer.- dijo apenada la señora.
- No era necesario que trajeran nada, pero se lo agradecemos.- agradeció mi madre.
- Y ella – dijo mi padre al recordarme.- Es mi hija Marina.
- Es un gusto conocerlos.- dije al hacer una leve reverencia.- ¿Me quieren dejar sus abrigos? Los guardaré en el closet.- dije amablemente con una suave sonrisa.
- Muchas gracias pequeña.- dijo el señor Miguel al sacarse el abrigo y dármelo.
- Eres muy educada, algo raro hoy en día.- la señora Ariel hizo lo mismo que su esposo.
- Muchas gracias.- dije fingiendo estar avergonzada por ese comentario mientras llevaba las cosas al closet, que estaba justo ahí.
- ¿Y tu hijo? Pensé que vendría con ustedes.- pregunto mi padre.
- Él estaba bajando algo del auto.- dijo y volteó hacia la puerta que aun estaba abierta.- Ahí viene.
Por la puerta entro un chico que tal vez media algo de un metro setenta. (Mas alto que yo, ya que mi altura es de uno sesenta mas o menos.) Cabello negro oscuro y brilloso, como el se su madre y ojos verdes que se ven de lejos. Llevaba una camiseta blanca, una chaqueta negra (No sé si era de cuero o no pero era un negro profundo) y unos jeans azules oscuros.
- Perdón por la demora, es que me costó cerrar la puerta con solo una mano sin arruinar la torta.- dijo con una amable sonrisa.- Soy Daniel, encantado.- se presentó.
- Dices eso pero en realidad querías hacer una buena entrada.- le dijo su madre bromeando y el respondió con una risa y sonrisa de “me atrapaste”.
- Ellos son mi compañero Santiago Díaz, su esposa Susan y su hija Marina. – nos presentó el señor Miguel.- Él es mi hijo Daniel.- mi madre se sorprendió y lo admiro un segundo.
- Debes de ser un chico muy popular con las chicas en tu colegio, eres muy apuesto.
- Y no tienes idea.- dijo la señora Ariel.- En nuestra vieja casa todos los días el buzón estaba repleto de cartas de amor, regalos, chocolates, y otras cosas un poco mas provocativas.-
- ¿En serio? Debió ser difícil.- respondió mi madre. De repente se pusieron a hablar como viejas amigas mientras entraban a la cocina y mi padre con el señor Miguel se sentaron en los sofás del living y comenzaron a hablar amigablemente.
En el recibidor solo quedamos el chico Daniel y yo. La puerta aun estaba abierta por lo que pasaba una brisa helada. Gire mi rostro para mirarlo al reaccionar que nos habían dejado solos. Al hacerlo mis ojos chocaron con esos bellos ojos de un verde profundo (casi como esmeraldas) que me miraban fijo y su dueño tenia una leve sonrisa en su rostro, como si estuviera disfrutando algo.
- Así que eres popular.- dije al pasar a su lado para cerrar la puerta, se me estaba erizando la piel y además quería quitarme su mirada de encima un momento aunque sea. – Supongo que las chicas que mantendrán ocupado.- dije estando de espaldas pero aun seguía sintiendo su mirada clavada en mi y no había duda de que me estaba mirando fijo ya que lo vi reflejado en el picaporte.
- No tanto, la mayoría de las veces solo eran una molestia.- dio sin ninguna amabilidad, voltee a verlo y casi pareció ser una persona distinta Pero pude ver en sus ojos que era sincero con lo que decía, para él debió ser bastante molesto para que me lo dijese de esa forma.- Y de seguro tu eres popular con los chicos.- me dijo.
- No soy quien para decidir eso.- admití.- ¿Por qué lo dices?
- Porque eres hermosa y tiene un aire de elegancia a tu alrededor.- dijo sencillamente mientras me quito un mechón de cabello que me caía sobre el rostro y lo colocó detrás de la oreja. ¿Cuándo nos acercamos así? No me di cuenta. Pero no me sentí apenada ni nada por el estilo, me resulto indiferente que hiciese eso. Pero tuve que aparentar de nuevo sentir vergüenza.
- Gracias.- dije siguiendo con mi actuación y al desviar la mirada hacia otro lado y luego volver a fijarla en él.- ¿Quieres que te guarde el abrigo?
- No hace falta.- sonrió como si estuviera satisfecho.- Tal vez deberías guardar la torta. Es para el postre.- me la dio y yo la tome, nuestras manos se tocaron.
- Lo haré.- lo mire un segundo y luego hice separar el pequeño roce al tomar la torta.- Si gustas puedes ir al living con tu padre y el mío o acompañarme a la cocina llena de mujeres.- él sonrió, no entendí el porque.
- Te acompañaré, tal vez pueda ayudar un poco.

Y lo hizo. Me acompaño hasta la cocina, charló o charlamos (debía hacerlo, era parte de la actuación) con mi madre y la suya, sin duda era mejor que yo en la cocina, mi orgullo quedo un poco herido por eso pero nada que el tiempo no cure. Fue divertido hacerlo, en realidad me divertí con la charla pero eso es algo que no admitiré. Mi madre quedó encantada con él, era como si lo adorara. Y al parecer yo le caí bien a Ariel, me dio esa impresión.
Luego de eso la cena estaba lista, servida en la mesa. Hubo elogios para los cocineros blablabla. Lo típico, charlas, comentarios chistes, risas. Fue algo extraño pero parecía que todos ya nos conocíamos de antes, o que hubiésemos sido amigos de toda la vida. El sentimiento fue tan natural, tan cómodo que en un momento deje de fingir y estaba riendo de verdad. Pero no sabría decir cual fue ese momento.
Mire la mesa un segundo. Todo lo de la cena se desvaneció. Hasta el postre que hizo mi madre y la torta que trajeron las visitas desaparecieron como si nunca hubiesen estado.
- La torta.- susurre y todos se voltearon para verme. Alcé mi vista y los mire.- La torta estuvo deliciosa señora.- dije con una sincera sonrisa en mi rostro. Mis padres se sorprendieron pero al segundo siguiente ambos me sonrieron con ternura. Eso hizo que me ruborizará un poco pero lo pude tapar con mi flequillo.
- Gracias querida, pero fue Daniel quien la preparo.- dijo con una leve risita educada. Yo mire a Daniel.
- Estuvo deliciosa.- le dije falsamente apenada y una leve falsa sonrisa nerviosa en el rostro. Mi orgullo estaba herido, por mas que siempre trato las cosas dulces nunca me salen. Puedo hacer un pollo al horno con papas, azar carne pero la repostería no es lo mío.
- Gracias, cuando quieras te enseño.- me dijo con una amable sonrisa pero en sus ojos vi algo mas, no sé que era.
- ¿Tu harías eso? ¿No seria una molestia?- mi madre tenia un brillo extraño en los ojos, como un niño que ve su regalo de Navidad envuelto y muere de ganas de ver lo que hay dentro. Estaba ilusionada, porque no lo sé pero lo estaba.
- Claro, no seria una molestia en absoluto.- le sonrió a mi madre.
- Además seria bueno el probar algo nuevo.- dijo mi padre al dejar de usar el escarbadientes. Mi mama lo miro queriendo una explicación.- Quiero decir, algo nuevo hecho por otra persona, hecho por otra mano.- trato de arreglar la situación, mi madre pareció satisfecha con esa explicación.- Además serie bueno probar otra cosa que no sea dulce.- agrego por lo bajo, pero el señor Miguel y yo lo escuchamos. Reímos por lo bajo también y lo tratamos de ocultar una pequeña tos (cada uno lo que se hacia sospechoso.)
- ¿Eso significa que Marina no es de comer cosas dulces? ¿Le gusta lo salado como a ti?- le susurro Miguel a mi padre.
- No es eso.- decidí meterme.- Me gustan los dulces pero hay un limite.- dije de tal manera que dejaba en claro que lo que mi madre cocinaba a veces era de un 98 porciento dulce. Demasiado empalagoso. De nuevo hubo risas de nuestra parte, mi madre nos miraba sin comprender porque nos reíamos, Ariel terminando su copa de vino, y Daniel callado, pero me dio la impresión de que nos había escuchado porque tenia una leve sonrisa en el rostro y me miraba con cierta ternura.
- ¿Saben lo que seria grandioso?- el rostro de mi madre estaba iluminado.- Comer helado.- dijo alegremente.
- ¡¿Mas comida?!- dijimos mi padre y yo al unísono. Nos miramos un segundo y al otro volvimos la vista hacia mi madre.- ¡¿Seguir comiendo luego de todo este banquete?!.- volvimos a hablar al unísono. Nos miramos, yo con vergüenza y algo ruborizada (y no era actuación), él también apenado. Y eso empeoro al escuchar las leves risas de los demás. Daniel parecía estar conteniéndose, mi madre divertida al obtener esa reacción de nosotros, Miguel no ocultaba su risa y Ariel reía con delicadeza.
- Hay un mercado abierto las 24hs no muy lejos, Marina puede ir a comprarlo ella sabe donde queda.- dijo mi madre pero por un segundo creí ver que ella miraba de reojo a Daniel por un leve momento..
- Pero ya es algo tarde.- dijo Ariel.
- Yo no tengo problema, puedo ir en bicicleta.- dije con una sonrisa, falsa, en mi rostro para calmarla.
- En ese caso mi hijo te acompañará.- dijo el señor Miguel.
- Concuerdo contigo papa.- dijo Daniel tranquilo.- No puedo permitir que una señorita ande sola por la calle a estas horas de la noche.- me dedico una gran sonrisa, pude ver sus blancos dientes, su flequillo caía sobre sus ojos pero aun así podía ver a esas esmeraldas clavadas en mi.
- Me hará bien un poco de compañía.- mentí, me cansé de fingir una sonrisa boba en el rostro, me estaba doliendo (o tal vez eran los golpes de la caída.) Pero no me podía negar. Mi madre lo dijo por algo, o querrá tener un momento de adultos sin niños a su alrededor o planea algo, cualquiera que fuera no me importaba.

Mi madre me dio la plata, yo saque la bicicleta y ya estabamos en camino. Daniel y yo salimos, dejando solos a los adultos (que fumaran, beberán o lo que sea). Daniel, como un caballero se ofreció a manejar la bici con la excusa de que con falda yo no podía hacerlo (O más bien no debía). Lo deje, me senté de costado, por la falda, en la parte de atrás y me agarre de él levemente. No iba muy rápido, yo le iba diciendo por donde debía ir pero aun así no se apresuró, se tomo su tiempo y yo el mío.
Me puse a descansar mi cara ya que él no me veía. El aire frío que chocaba con mi rostro me mantenía despierta pero no impidió que me apoyara en la espalda de él, era cálido y algo familiar, difícil de explicar. No daba la impresión de ser tan grande, pero lo era, era fuerte y con un buen estado físico. Era capaz de ir cuesta arriba con un pasajero sin sudar o agitarse, solo sus mejillas se colorearon con un leve sonrojo, casi imperceptible.
Si, el mercado estaba cuesta arriba pero llegamos lo mas bien. Casi no cruzamos palabra alguna durante el viaje de ida, creo que el se dio cuenta de lo cansada que estaba y me dejaba descansar. Nos tomamos unos minutos para elegir los gustos, compramos un pote de cuatro sabores (chocolate, dulce de leche, crema americana y frutilla) y otro mas chico de dos sabores (Menta y banana) con la intención de que sea solo para nosotros.
El regreso a casa tuvo un pequeño incidente. Cuando salimos del mercado notamos que la rueda de la bicicleta estaba pinchada, por lo que tuvimos que volver a pie.
- Que extraño que este pinchada la rueda.- dijo Daniel que estaba llevando la bicicleta.-
- Extraño.- dije llevando las bolsas. La noche estaba fresca, por lo que los helados no se derretirían tan fácilmente. Mire al cielo un segundo, estaba despejado y la luna brillaba en lo alto. Temblé por un momento.
- Toma.- dijo Daniel y me puso su abrigo.- Esta algo fresco hoy.- dijo con una enorme sonrisa y volvió a tomar la bicicleta, la había dejado cuando miré al cielo. Seguimos caminando
- Gracias,- dije, me acomode la campera por encima de los hombros.- Le escuche decir a mi papá que ustedes eran de otra ciudad y que se vinieron a vivir aquí. Debe ser duro mudarse, nueva escuela, nuevos vecinos. Nuevo todo.- ¿Por qué empecé a hablar de esto? Porque quería distraerme de las punzadas de dolor.
- Lo es, pero teníamos que hacerlo. A mi madre la ascendieron en el trabajo y la transfirieron a aquí.- dijo tranquilamente, casi divertido. Lo miraba de reojo de a ratos. Tenia una camiseta manga larga blanca, en la parte del cuello tenia dos botones desabrochados. Este chico ¿Quiere llamar mi atención de esta manera?
- ¿No fue difícil abandonar a tus amigos?- las punzadas de dolor volvieron, de seguro por la caminata (Nota mental: moverse lo mas mínimo luego de una caída de varios metros de altura).
- Yo tenía personas que eran amigables conmigo pero amigos amigos, en todo sentido de la palabra, no tenia así que no fue difícil.- dijo con una expresión apacible y al segundo siguiente, por un leve momento, la cambio por una sorpresa y luego me volvió a sonreír. - Ya ni sé lo que digo, mejor olvida lo que dije.- volvió su vista al frente y seguimos caminando.

Este chico, parece ser igual a mi o más bien como yo era antes. No le pude decir nada, no supe que decir. No, quería decirle que no era raro, que uno suele ser amigable con todo el mundo para no sentirse rechazado y así solo. Y eso sucede cuando uno depende mucho de los demás. La mayoría de las personas suele ser así.
Seguimos caminando hasta llegar a casa, no le pude decir nada al respecto.
- Ya llegamos.- dije al entrar para hacernos notar. Nunca sé sabe que pueden estar haciendo cuatro adultos solos, de lo que pueden estar hablando, cosas que no desean que sus hijos sepan.
- Tardaron mucho.- dijo mi padre desde el living, muy cómodo sentado en el sofá individual.
- Espero que se hallan portado bien.- dijo mi madre, al parecer había bebido un poco de mas (ella no resiste mucho alcohol).
- Mamá.- dije suavemente.- La próxima vez que uses la bici ¿Podrías fijarte por donde vas? Y si te das cuenta de que esta pinchada, ¿Nos podrías avisar?.- cuando esta así debo ser suave con mis palabras, es sensible y en ese estado aun más. No es que sea alcohólica, es que no resiste. Con dos vasitos de whisky ya se emborracha.

Escuche unas leves risas por mis palabras. Luego de eso serví los helados y seguimos comiendo. Pero en un movimiento brusco de mi madre derrame algo de helado encima de mi camiseta. Tuve que subir a mi cuarto para quitarme la camiseta y luego la mojaría, me gusta y no quería que se manchara. Me desabroché el chaleco y me lo saque con cuidado, no quería que tampoco se manchará. Me quite la camiseta con un esfuerzo sobrehumano.
- Ay.- dije con un gesto de dolor en el rostro. Ahora solo me dolía cuando hacia cierto movimiento. Me mire en el espejo, en mi espalda había varios moretones de diferentes tamaños.- Esto tardará en sanar.- murmure para mi misma. Cerré los ojos y sentí algo raro. Me voltee hacia la puerta y mira sorprendida a Daniel. Él estaba ahí, mirándome fijo a mi que estaba con el corpiño
- ¡Daniel!- casi grite.- ¡No te quedes ahí mirándome! – le rete. Me tape con la camiseta y mis brazos la parte delantera y le di la espalda.
- Perdón.- dijo y terminó entrando cerrando la puerta detrás de él. Y de nuevo me clavó sus ojos verdes. Aun que no lo veía podía sentir su mirada.
- ¿Por qué te quedas? ¡Vete!.- le dije de nuevo, pero él me ignoró y se me acercó a mi.
- ¿Cómo te hiciste esto?- me preguntó al tocarme con el revés de la mano algunos hematomas. Me estremecí con el contacto de su piel.- Responde- me ordenó.
- Eso no importa.- respondí.- Ahora discúlpame pero me voy a cambiar.- él me miro pero no se movió.- Como veo que no te vas yo me iré.- me encamine hacia el baño, alejándome de él.
- Detente.- me ordeno cuando di tres pasos, de una manera más severa que la anterior. Me detuve de inmediato, no me podía mover.- ¿Cómo te hiciste esto?- me repitió, se volvió a acercar a mi y me volvió a tocar.
- Yo me caí.- dije con esfuerzo, no quería responderle pero igual lo hice. Era como si no tuviera opción. ¿Dónde quedó el chico dulce y amable de antes? Ahora a mi espalda había alguien completamente diferente, otra persona.
- ¿Cuando?- sentía como me miraba, con curiosidad y sin perder ningún detalle.
- Hoy.- No quiero responderle. ¿Por qué lo hago? Es como si una fuerza extraña me envolviera y no me permitiera moverme y me obligara a hablar.- A la tarde antes de llegar a casa.
- ¿Desde muy alto?- ahora me tocaba con las yemas del dedo índice y el del medio. Me estremecí, un escalofrío recorrió mi espalda.
- Si.- dije en un suspiro.
- Haré que deje de dolerte.- dijo tranquilamente y al instante poso sus labios en mi espalda, una corriente me recorrió cada vez que él besaba algún moretón. Sus manos en mis hombros me sostenían, yo sentía que mis piernas no daban mas, me temblaban.
- Por favor.- dije con esfuerzo pero él seguía, no me entendió.- ¡Por favor sal de mi cuarto!- dije con fuerza y él se detuvo. Solo puso sus dedos en un moretón de mi espalda que se encontraba entre el hombro y el cuello.
- Si quieres que el dolor cese.- volvió a posar sus labios en mi espalda, en el moretón que sus dedos habían tocado ¿Por qué no me puedo mover para golpearlo? Era como si estuviese paralizada, mi cuerpo no me respondía. Esta vez el beso fue distinto, los anteriores habían sido secos y cortos, este fue húmedo y prolongado hasta que se separo de mi, me soltó y se fue hasta la puerta.- Si quieres que cese, búscame.- y salió de mi cuarto cerrando suavemente la puerta.

Cuando él salió sentí que me quitaban un peso de encima, mis piernas cesaron y caí de rodillas al suelo. Tenía mi respiración agitada, era como si hubiera corrido un maratón. Estaba furiosa conmigo misma por dejarme tan fácilmente, por no reaccionar pero me sentí atada, paralizada, por mas que trataba no me podía mover.
Me lave mi rostro, me cambie y baje como si nada hubiera pasado. Daniel me sonreía falsamente, ahora lo podía notar. Toda la amabilidad que mostró, las sonrisas y el respeto eran pura actuación. No soy quien para recriminarle, pero por mas actuación que yo haga no voy a las habitaciones de los demás y les beso la espalda repetidas veces.

Habrán pasado unos treinta minutos hasta que se marcharon en la que me mantuve alejada de él y le respondía de manera cortante a sus preguntas, ya era casi media noche y mañana hay trabajo y escuela. No sé como hará mi madre para levantarse, aunque tenga el turno tarde de trabajo aun así le costará. Mi padre, él resiste el alcohol así que no tendrá problemas, es un hombre fuerte.
Limpie todos los platos sucios, vasos cubiertos y demás cosas mientras mi padre convencía a mi madre de acostarla.

- Fue un largo día.- me hablo desde la puerta.- ¿Esta todo cerrado ya?
- Si, ventanas, puertas y el garaje todo cerrado.- dije mientras secaba una hoya.
- ¿Qué te pareció la familia de mi compañero?- que raro, él nunca me había preguntado algo así.
- El señor Miguel y la señora Ariel son agradables, parecen buena gente.- dije tranquilamente.
- ¿Y el hijo? ¿Qué te pareció Daniel?.- quería averiguar algo, pero no sé que.
- Para serte sincera.- mi padre me prestaba atención.- Me asusta un poco. Él es similar a mi, aun que parecía todo amabilidad en frente de ustedes era de manera distante. Sonreía sin apegarse a la persona a quien le sonreía, sin sentirlo.- él escuchó sin interrumpirme.- Ël no es una persona de la cual confié, al menos no por ahora.- dije.
- Me alegro que pienses eso. El archivo de ese chico es demasiado perfecto, tanto que es sospechoso. Por eso me alegra que tengas cuidado.- me dijo.
- ¿Y lo trajiste a casa?- dije sorprendida.
- Tu madre no sabe esto.- creo que él también esta un poco bebido, creo que nunca me había hablado así.- Ella se apareció el otro día en la estación y lo invitó. Y como sabes, no me puedo negar a una petición suya.
- Tienes razón.- sonreí levemente.
- Solo cuídate cuando estés con él, me alegra mucho que sepas defensa personal y algunas otras artes marciales.- ¿Eso quiere decir que lo volveré a ver? Sentí nauseas al pensarlo.
- Gracias a ti por enseñarme a los seis años.- dije y ambos reímos. Aun que no me pude mover cuando entró a mi habitación, tal vez lo mejor será tener gas pimienta en el bolso.
- Ya es tarde.- dijo luego de un segundo de silencio al mirar al reloj.- Mañana tienes colegio, mejor ve a acostarte.
- Gracias, pero ya casi termino. Dos cosas mas y voy a la cama.
- Esta bien, entonces buenas noches.- dije suavemente, se acercó a mi y me dio un beso en la frente.- Descansa- y se fue a su cuarto.
- Igualmente.- susurre cuando ya se había ido.

Hace mucho tiempo que mi padre no me daba un beso de las buenas noches, por eso quede en blanco cuando lo hizo. Se sintió bien, era como si extrañará eso.
Termine de limpiar las cosas y apague todo. Subí a mi cuarto, me puse mi piyama verde con algo de dolor y me acosté. Trate de dormir pero no podía dejar de pensar en porque no me pude mover cuando Daniel estuvo aquí, porque mi padre no le podía negar algo a mi madre (Esto es tal vez porque puede ganar algo de toda la situación), hasta incluso planeaba que la próxima que veo a Daniel lo golpearía y me alejaría. Mis piernas estaban entumecidas, mi espalda dolía un poco pero ya no tanto. Casualmente en los lugares que él beso ya no dolía. Tal vez soy una idiota por recordar exactamente cada uno de los lugares que él tocó pero no podía evitarlo.
Comencé a dormirme, el ultimo pensamiento que vino a mi mente fue el recuerdo del chico que me salvo. “¿Él estaría muy adolorido? Él recibió la mayoría del impacto, debe de dolerme mucho más que yo.” Pensé, pero luego recordé como me hablo, la manera en como actuó y quise borrar la preocupación que sentí. Pero aun así su rostro vino a mi mente, y el sentimiento de estar abrazada por él me calmo. Con lo que me pude finalmente dormir.

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*¬* gracias Lili
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Shizu
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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Jue Mar 11, 2010 11:19 pm

Solo para no dejar que Anguie y Yuu-chan digan que me quitaron el lugar, en cuanto este en casa posteare un comentario decente ^^

Yo aun espero ver el capi dos, aunque con los lios que nos hicimos hablando el otro dia ya ni recuerdo a que conclusion llegamos sobre lo que iba de la historia Very Happy

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Todo dentro de mi se estremece cuando vienes tu, y cuando me tocas siento como derrites mi interior, era tan inocente no me di cuenta y cai ante ti pero me enloqueces con todo lo que tienes tu~
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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Sáb Mar 13, 2010 12:15 am

olvidalo noe !!!! te derrocaremos !!!!
yuki !!! esta genial !!!
quiero conti pronto !!! espero conti en salvation !!! ya es viernes !!

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Kyra
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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Dom Mar 14, 2010 3:57 am

Estoy aburrida :P

Asi que ahi va el segundo Cap de la primera historia ^^UU

Sepan, que aun ni comenze ni a escribir ni a pensar el cap tres .XD Salvation ocupa toda mi imaginacion, ademas de Kaname y un neuvo fic que se me ocurrio hace un tiempo de crepusculo Very Happy

Capitulo 2: “Mauro, deja de decir que las coincidencias no existen ¿Quieres?” (¬¬##)

Lunes por la mañana, como de costumbre estoy despierta antes de que suene el despertador. Solo estamos mi padre y yo en casa, mi madre tiene que trabajar desde la medianoche hasta las ocho de la mañana toda esta semana.
Suena el reloj, son las 5:30. Me levanto, me ducho y bajo a la cocina a preparar el desayuno. Saco de la heladera la manteca y las mermeladas, pongo a tostar las tostadas. Escucho el reloj de mi padre, son las 6:00. Pongo el agua para el café en el fuego.
Todo esto es una rutina, mi padre se ducha en quince minutos y luego baja a desayunar, toma el periódico y lo comienza a leer mientras bebe su café, un pequeño saludo para mi y una o dos preguntas sobre mi madre u otra cosa, cuya respuesta él sabe, simplemente lo hace para hablar de algo conmigo.
Todo sucede con normalidad, se hacen las 6:30 y comienzo a regar las plantas por el solo hecho de estar aburrida y que no soportaba el parloteo del tipo de las noticias hablando de un accidente durante la noche en el Río Negro en el que no hubo ningún involucrado y luego las noticias locales: los bomberos rescatando a un gato que quedo atrapado en la copa de un gran árbol... Definitivamente en esta ciudad no sucede nada interesante.
Y así se hicieron las 6:45, mi padre se despidió y se marcho en el auto hacia su trabajo. Claro que antes de irse le di la comida que había preparado para el almuerzo, aunque simplemente podría comprar algo por ahí pero se la ha dado por comer comida casera, en especial la japonesa. Cosa que le encanto de una vez que fue de viaje con mi madre por un premio que habían ganado. Lo aprovecharan como una primera luna de miel oficial, ya que en la época en que se casaron no pudieron viajar para ningún sitio por la situación económica de ambos.
Así que aprendí a preparar comida japonesa, solo las comidas básicas y sencillas. Se podría decir que puedo cocinar tanto comida occidental como oriental, aunque en esta última necesito mejorar.
En fin, guarde todo y cerré la puerta.7:10 Antes de salir le deje una nota a mi madre de que las plantas ya estaban regadas, no vaya a ser que ella tenga un repentino impulso de jardinería y las plantas se ahoguen por el exceso de agua. Aun que lo mas seguro es que vuelva agotada y solo se de un baño para luego acostarse limpia y mas relajada.
Puse un pie en la vereda para ir al colegio, mi hora de entrada es a las 7:45 (llego antes porque me gusta disfrutar del silencio del sitio, es muy relajante.) y note que mi vecino también estaba a punto de salir. Intente apresurarme pero si corría llamaría mas la atención, además me dolerían los músculos aun sin sanar.
- ¡Hey, Marina! ¡Buenos días!- grito en medio de la calle, pensé en ignorarlo pero suele ser muy pesado así que decidí girarme para saludarlo. Debería de bastar hasta con un pequeño gesto de la mano o de la cabeza como suelo saludar, pero no, él venía montando su bicicleta.- ¿Vas al colegió? Te llevo.- decidió por si mismo con su enorme sonrisa, su interminable y en ocasiones molesto buen humor lo caracteriza. – Sube.- señaló la parte trasera de su bici.
- No, gracias. Prefiero caminar.- dije casi ignorándolo y seguí mi camino. Él me siguió, andando en bici a mi lado.- ¿No tienes cosas de profesor que hacer?- lo mire sin detenerme y note que su castaño cabello estaba algo desarreglado, demasiado para un profesor. Tal vez por eso es tan popular en la escuela.
- Aun es temprano, ¿No crees?- clavo sus ojos grises en mi. Cierto, oí que era por la manera en como te suele mirar, sus ojos. Aun que también oí que era por su excelente físico. Ni idea, yo estoy acostumbrada a él ya que lo conozco desde que era pequeña tal vez por eso no me impresiona tanto el hecho de que sea atractivo. En realidad, lo veo como a un hermano… quizás el hecho de que sea hija única y que cada vez que ambos de mis padres tenían que trabajar me dejaban en su casa. Siempre actuó como niñera durante una tarde y en ocasiones noches enteras.
- Demasiado para ti. Estoy dudando si eres o no el verdadero Mauro- lo molesté.- Ahora mira al frente antes de que choque con ...- no pude evitar avisarle del tacho de la basura que estaba tirado en la vereda, chocó con el.
- Ay ay ay ay ay.- se quejó en el suelo. Su bici estaba tirada a su lado, la rueda delantera giraba y giraba, al parecer no se rompió.
- Este.- me agache para que nuestras cabezas quedaran a la misma altura y con mi mano moví un mechón de su flequillo de su rostro.- Es el Mauro que conozco.- Me reí para molestarlo, aunque esa imagen de estar sentado en el suelo y con la ropa aun mas desarreglada era realmente chistosa.
- Es blanca.- murmuro para sí al pararse pero yo lo escuche.- Por suerte no se me cayeron los papeles del bolso.- Se acomodo un poco la ropa y el bolso que llevaba, que es mas como una morral. Actuó como que nunca dijo “blanca” Y levanto la bicicleta.
- Ese bolso... - mire con detenimiento su morral y él lo noto.
- Sip, es el que me regalaste para mi cumpleaños.- dijo con una sonrisa, parecía que se sentía orgulloso por algo e inexplicablemente feliz.- Ahora Princesa.- su tono de voz cambio a uno más respetuoso y elegante, claro que sé que lo fingía.- ¿Me daría el honor de llevarla hasta el colegio? Una señorita como usted no debería caminar sola.- una reverencia sosteniendo la bicicleta con una mano y al levantar la cabeza me guiñó un ojo. No pude evitar reír, me hizo recordar a cuando éramos niños, cuando él solía jugar conmigo.
- ¿Cortejando a una alumna profesor?- lo molesté.
- Vamos, no digas eso. ¿Quieres caminar o yo te llevo?- me preguntó. – Además todos saben que somos vecinos y amigos de la infancia. No habrá problema.- Me dijo con su acostumbrado e interminable buen humor y con su irresistible sonrisa.

En un segundo analice mis posibilidades. Si me negaba de nuevo me seguiría todo el camino haciéndome la misma pregunta una y otra y otra vez, sería demasiado pesado; si aceptaba, no tendría que caminar y podría descansar y ahorrarme el dolor de los músculos al moverse. Definitivamente ir con él era mi mejor opción.

- Esta bien.- dije resignada.- Solo no vuelvas a llamarme princesa.- dije claramente enojada y me monte en la parte de atrás.

Así comenzamos el viaje hasta la escuela, aunque por alguna razón tomó el camino largo. La espalda de Mauro siempre fue grande, ancha y yo siempre me quedo observándola. Estudió en la universidad, trabaja y es muy social. Mientras Mauro conducía y hablaba sobre distintas cosas, (programas de tv que vio en la noche, alguna película, cualquier cosa en realidad.) y yo actuaba como que lo escuchaba, recordaba muchas cosas.
Como que él tiene 24 años, su trabajo en mi escuela se lo consiguieron sus padres (ya que son unos profesores bastantes famosos en el ámbito educativo usaron sus influencias para que su hijo tuviera un trabajo.) En la escuela enseña historia, geografía, matemática y química cuando algún profesor falta. Eso demuestra lo listo que es (a pesar de lo idiota que aparenta ser la mayoría de las veces.). Tiene cuatro profesorados (y sus respectivas licenciaturas) y además tiene una licenciatura en psicología. (Eso es una razón por la cual suele actuar como consejero en la escuela la mayoría de las veces. Es mas, el principal motivo de su contratación era el de trabajar como consejero, pero hubo varias situaciones y pudo practicar otras cosas.)

Llegamos a la escuela. Un gran edificio con el tamaño de una manzana, mas en realidad pero no viene al caso, y con tres pisos de altura (en realidad cuatro, contando la planta baja. Entonces seria la planta baja, primer, segundo y tercer piso y la azotea). Con una cantidad de alumnos alrededor de 900, con los tres años de secundaria alta (Por alguna razón en esta ciudad se utiliza un sistema escolar que es una mezcla del estadounidense y del japonés.) y los tres de secundaria baja. (Estos años serian séptimo, octavo y noveno; los de secundaria alta serian los tres años de polimodal.)Con varios talleres y clubes, muchos profesores, (Bueno, tal vez no tanto considerando que Mauro enseña varias asignaturas), un consejo estudiantil cuyo presidente es: (cito palabras de su club de fans): “el apuesto y atlético, inteligente por no decir genio de esta institución, amable, bondadoso y encantador, cuyos ojos verdes te hipnotizan y provoca que una se sienta en la novena nube, cabellos rubios resplandecientes como el sol (en mi opino su rubio no es tan claro, pero no soy quien para opinar.) el maravilloso Aaron McFire. Sucesor de las empresas McFire, con un gran legado familiar. Un excelente anhelo de novio. El chico que toda chica querría tener.” A todas las alumnas (superiores inclusive) que lo ven se les llena de brillo los ojos, y eso me causa cierta repulsión. El chico es simplemente un chico, he hablado un par de veces con él ya que Mauro me obligo a hacer algunos trámites y saque la conclusión de que solo es un chico normal. Alguien que tiene la carga de ser el mejor de la escuela, ser el mejor si o si para que pueda heredar las compañías de su familia. Semejante carga sobre la espalda de un chico de mi edad…

En fin, Mauro detuvo la bicicleta. Un profesor nos vio llegar y se acercó a nosotros.

- Profesor Rosas. No es correcto que venga acompañado de una alumna. Por mas amigos de la infancia que sean.- me miró con cierto desprecio, como si fuese superior a mi.
Este molesto profesor calvo, con lentes de fondo de botella realmente ridículos, que siempre usa un traje marrón anticuado por mas calor y verano que hagan (sin importarle cuanto sude, él se lo limpia con un pañuelo.), petiso, gordo y con cara redonda, le tiene bronca a Mauro y creo que a mi también.

- Profesor Juárez.- Mauro tenía una sonrisa en la cara, y se reía nerviosamente pero en realidad no le importaba en lo mas mínimo que Juárez le llame la atención. Si realmente le importara dejaría de hacerlo.
- El profesor Mauro me acompañó por mi bienestar. ¿Acaso usted cree que es mejor que una niña camine sola de la casa a la escuela a estas horas? El índice de delitos, secuestros y el avistamiento de pervertidos a aumentado estos últimos meses.- intervine.
- Eso es cierto pero... - balbuceo pero lo interrumpí.
- Por eso el profesor me acompañó. Ya que es mi vecino, y como es una buena persona se preocupa por mi, no le costaba nada traerme al colegio. Es mas, mis padres le están muy agradecidos por tomarse esas molestias.- mi tono de voz era el normal, el normal de cuando estoy hablando con alguien que no me agrada. Puedo ser algo fría, autoritaria y amenazante pero eso es algo que no me importa.
- Esta bien.- dijo rindiéndose, y se comenzó a alejar.
- Gracias.- me susurro Mauro con una enorme sonrisa, no pude evitar devolvérsela.
- Por cierto.- Juárez se volteó y le hablaba a Mauro.- El director lo mandó a llamar. Dijo que era algo urgente.- y sin mas se marchó.
- Entonces, creo que lo mejor es ir al ver al jefe.- dijo animadamente.- No le gusta que lo hagan esperar.
- Mándale saludos de mi parte al señor Vergottini.- dije al bajarme de la bici.- Y gracias por traerme.
- Se los daré y.... - se calló al percatarse de que le había dado las gracias. Camine rápido, por mas que me dolieran los músculos y entre al edificio sin esperar una respuesta de su parte.

Como lo esperaba, no había nadie en el salón. Limpie el pizarrón por estar aburrida y luego me puse a leer un libro que me había comprado, trataba sobre la mitología Nórdica. Poco a poco los alumnos comenzaron a aparecer, y los salones se llenaron de murmullos y chismes, bromas y comentarios de distintas clases, el silencio se había desvanecido.
Como era rutina, las chicas se juntaban en grupos y chusmeaban sobre los programas de anoche, los chicos hacían lo mismo y le pedían a sus compañeros la tarea que no hicieron (las chicas también lo hacen.)
Mi asiento queda en la fila del lado de la ventana, que da justo a la entrada de la institución, el tercero asiento contando desde atrás. En total hay 28 mesas para 28 alumnos, dividido en cuatro líneas de 7 bancos cada una. Mi salón no completa el cupo, somos 26 ya que dos alumnos se habían anotado pero nunca aparecieron.
Sentarse del lado de la ventana tiene sus ventajas, cuando la clase es demasiado aburrida porque no me están enseñando nada nuevo es bueno poder ver por la ventana. Olvide decir que mi salón se encuentra en el tercer piso, tiene ventanas hacia el pasillo, y que tiene dos puertas corredizas en los extremos del salón que dan al pasillo, también tiene un armario de lata donde se guardan los baldes, trapos y escobas que se usa para limpiar el salón.
La escuela tiene una gran biblioteca con gran variedad de libros, tiene un gran gimnasio preparado para jugar al basket, handbal, voley, y afuera hay: dos canchas de fútbol, también dos canchas de voley, una chancha para las carreras de atletismo (las carreras cortas y largas) que forma un gran ovalo, y toda clase de equipos de gimnasia (trampolines, pelotas, y otros tantos cosas.) También un auditórium.
En pocas palabras, es una gran escuela. Una de las mejores de la ciudad. Los profesores son, en su mayoría, grandes profesionales, y la otra parte una banda de amargados. La mayoría de sus alumnos graduados se convierten en: abogados, grandes empresarios, doctores, profesores, arquitectos, periodistas, fotógrafos, etc.
Aunque eso no quita que como toda escuela tenga alguna banda de pandilleros o algo por el estilo. Chicos problema, si hay y muchos pero están controlados o al menos lo aparentan. La mayoría son hijos de personas importantes, chicos con traumas familiares o algo que aparezca en la ficha medica de un psicólogo, cuyos padres son capaces de cubrir la mayoría de las meteduras de pata que hacen.
Las chicas, en mi opinión, son más peligrosas. Van de a grupos a atormentar a la chica que le hablo mas de 15 segundos a su ídolo (Aaron en la mayoría, también algún capitán o sempai de algún club.) Pueden llegar a ser bastantes crueles. Estos casos son pocos, no sucede muy seguido, pero los hay.

- Good morning.- entro la profesora Ramírez, Claudia Ramírez, con un cierto aire de cansancio. – Tomaré asistencia ahora.- agarró el cuaderno donde tiene nuestros nombres ordenados alfabéticamente y comenzó a nombrarnos.
Llevaba como de costumbre un jean azul oscuro ajustado, una camisa a cuadros azul y gris. Sus rulos naturales bien definidos siempre por encima del hombro y en mucha cantidad, de color negro. Su rostro como siempre tiene algo de maquillaje, no mucho solo lo suficiente para pasar por desaparecidas sus ojeras. Un maquillaje suave, nada extravagante. Y esos lentes a la moda que son para leer.

La puerta se abrió, apareció Mauro haciendo señas desde la puerta. Lo hizo así para no interrumpir la clase. La profesora lo miró y suspiro, quizás porque Mauro siempre interrumpe sus clases y siempre es por una tonta razón (se confundió de clase, de horario, etc). La profesora cerró su cuaderno, por suerte ya había terminado de tomar asistencia, y le permitió entrar.
Mauro caminó desde la puerta hasta el escritorio de la profesora.

- Hola chicos.- después de tantos años de conocerlo, sé que esa sonrisa que suele engatusar a todo el mundo nunca se desvanecerá. Hubo un coro de alumnos dándole una cálida bienvenida.- Perdone profesora la interrupción.-
- No hay problema profesor Rosas, solo prosiga. Debo comenzar mi clase.
- Claro.- dijo algo nervioso, sin perder su sonrisa, al notar el malhumor de la profesora. Acto siguiente, se aclaró la garganta para hablar.- Como todos de seguro oyeron los rumores, deben saber ya que hay un nuevo alumno en la escuela.- hubo un murmullo de parte de las chicas, con una boba sonrisa en el rostro.- Por decisión del director ese alumno se unirá a esta clase.

No sé que era peor: si el murmullo de mis compañeras al preguntarse como será el chico nuevo emocionadas y excitadas por el encuentro. (Todas desean tener una historia de telenovela.), El murmullo de los chicos preguntándose como será y aquellos que no se dieron cuenta de que obviamente era un chico se preguntaban que si era una chica, como seria ella; o, lo que me provocaba un escalofrío y un mal, y muy mal, presentimiento: la extraña manera en como Mauro me miraba y me sonreía. Nuestras miradas chocaron por un segundo, luego yo desvíe la mía hacia la ventana. Nada de eso me importaba, pero me inquietaba la manera en como podía sentir tan claramente los ojos de Mauro posados fijamente en mi y por el reflejo, por donde lo veía, que había en la ventana

- Silence please.- pidió la profesora y todos se callaron, miraron esperanzados a Mauro para que las cosas que imaginaban sean reales. A mi no me interesaba nada de eso, solo me intrigo el porque Mauro me miraba así.
- Puedes pasar Leo.- las esperanzas que tenían los chicos de que fuera una chica se desmoronaron y las esperanzas de las chicas de la posibilidad de tener un amor colegial como de novela se hacían más grandes al escuchar las palabras de Mauro.

Hubo un súbito silencio, todos estaban esperando ver al chico nuevo. Yo me encontraba desinteresada mirando por la ventana, en la entrada había un perro perdido que paso a través de las rejas que estaban entre abiertas (de seguro siguió a su dueño y este no sé percato de ello.) La puerta se abrió mas de lo que ya estaba, el ruido que hizo fue muy claro ya que todos guardaban silencio. EL chico arrastraba los pies, en el reflejo de la ventana vi que se rascaba la cabeza con desgana, clara señal de que andaba con sueño y hasta medio dormido, pero no pude ver bien su cara.
Deje de mirar el reflejo y me concentré en el perro, olfateaba el piso tratando de encontrar el olor de su amo de seguro, le costará ya que hay muchos alumnos. Muchas personas pasaron por ese camino recientemente.
El murmullo de mis compañeros, chicas y chicos, era notable. “Que alto que es” “En grandote” “Se nota que tiene buen físico.” “Es guapo y rubio” “De seguro debe ser bueno en los deportes” (los varones quieren poder ganarles aunque sea una vez a los “sempais”, los alumnos superiores de segundo o los engreídos de tercero, en especial estos últimos.)

- Por favor, preséntate.- pidió la profesora amablemente. El chico bostezo
- Me llamo Leo Diacri.- esa voz yo la conocía sin duda, nunca olvido nada. Levante mi rostro de la mano en la que estaba apoyada y gire lentamente mi cabeza para mirar al chico nuevo. Esto no podía estar pasando.
- Veamos, tu asiento será el que esta al lado de Marina.- esta bien, acepto que había un cincuenta por ciento de posibilidad de que esto suceda, a mi lado estaba uno de los dos asientos vacíos, el otro se encontraba un poco más alejado de mi (en el primer asiento contando desde atrás en la tercera fila contando desde la ventana.) Pero Mauro dijo que se sentara a mi lado, no fue al azar. Él planea algo, lo sé.
- Marina alza la mano por favor para que Leo sepa quien eres.- Todos giraron hacia mi, yo levante mi mano y mi vista choco con esa extraña mirada color miel (me da la impresión de ser dorada). Fueron unos segundos, cosa que no había pasado la tarde que lo conocí, cuando él me salvó ni siquiera pude agradecerle. Pasaron seis segundos y volví mi vista hacía el perro.
- Bien siéntate ahí.- le dijo Mauro emocionado como de costumbre. Su majestad obedeció, escuche el ruido que hizo la silla. El perro empezó a correr en círculos persiguiendo su cola.- Si necesitas algo pídemelo a mi o a Marina.- ¿Que?
- ¡Mauro!- lo llame antes de que se fuera, golpee con mis palmas la mesa furiosa. Todos se paralizaron, menos el chico nuevo, no me importó.
- Ve a mi oficina en el receso si tienes dudas, es para ambos.- me guiño un ojo y se marchó.
- Miss Díaz, por favor tome asiento.- la profesora me llamo la atención. Obedecí tratando de ocultar mi ira, pero era mas que obvio que estaba fastidiada.
La profesora me observó unos segundos, llamándome la atención en silencio quizás, no me importó. Yo mirada por la ventana, tratando de predecir que sucedería, de porque Mauro me dejo de niñera y que tiene su majestad de especial para hacerlo. Ni siquiera me importo el murmullo de mis compañeros, sobre mi reacción, aunque ya deberían estar acostumbrados. ¿Ellos nunca notaron como pierdo el control y la paciencia con Mauro? Al parecer mis compañeros son muy despistados. También había otro tipo de murmullo y miradas intercambiadas, sobre mi y sobre el chico nuevo.
- Abran sus libros en la pagina 36, haremos un pequeño repaso.- lo hice sin mirar el libro, me sé de memoria las paginas.- Pongamos a prueba su ingles Diacri. Lea el primer párrafo del texto que esta en el cuadro azul.- el perro se canso de dar vueltas y se acostó. Me dio la impresión de que el perro era un labrador.
- Aun no me entregaron mis libros de texto.- respondió. La profesora se estremeció, así lo vi en el reflejo. Mire de reojo al chico nuevo, su mirada era algo atemorizante. ¿Lo haría a propósito o nació con esa mirada de “No me molestes mas a no ser que quieras una golpiza”? Una mirada casi sobrenatural, un extraño color miel que penetran mas que un taladro sobre la madera y por mas que su flequillo caiga sobre sus ojos, es imposible no verlos a menos que los tenga cerrados. En realidad daba la impresión de que era extranjero. Europeo quizás, pero por su acento es claro de que solo es un chico que se mudó. Si lo vieran de lejos, podrían confundirlo con un extranjero.
- Entonces...- comenzó a balbucear la profesora.
- Que Marina le preste el suyo.- dijo Joel (pronunciándose “Yoel”) Pérez, el chico lindo del salón, que se cree mejor que todos porque varias chicas se le han declarado, es amable con la mayoría de las personas excepto conmigo. ¿La razón? Yo lo rechacé cuando él se me pidió ser su novia, un mes después de que iniciaran las clases. Dijo que le gustaba por ser tan misteriosa y fría con el resto, también dijo, cosa que me molesto bastante y fue la razón mas obvia para rechazarlo : “¿No te sientes afortunada de que te lo pida? Soy uno de los chicos mas guapos y populares del colegio.” Eso además de enojarme me hizo dar cuenta de que solo quería salir conmigo para ascender en la lista de popularidad. Salir con la mejor de la clase, una de las mejores alumnas del colegio que siempre aparece a la cabeza en las listas de las mejores calificaciones, atlética, la chica que todos temen hablarle o acercarse, salir con esa chica realmente seria ascender drásticamente en la lista de popularidad. Detesto a los tipos como él.
- ¿Qué se lo preste?- le preguntó su amigo con cierta ironía y golpeándolo en el hombro desde atrás con el revés de su mano.- Es Marina, no lo hará.- le susurró pensando que yo no lo oiría. Ese es Sergio Luna, pienso bien de él (no ha dicho ninguna mentira ni nada ya que hasta donde me conoce, y no me conoce nada bien, yo no lo haría. Y es mas, casi siempre suele contener a Joel antes de que se meta en problemas o conmigo, por eso se lo agradezco ya que me ahorra muchos problemas.)
- Lo sé.- le respondió su amigo con una sonrisa superior y llena de arrogancia. Yo mire al chico nuevo, ignorando lo que el resto hablaba. Él también me miraba fijo, en espera de lo que yo haría.
- Toma.- le alcancé mi libro en la pagina indicada.- Mira, en esta palabra la “u” se pronuncia “o”.- le explique, ya que era un error que la mayoría de las personas cometían. Era claro el murmullo de mis compañeros al ver mi acción.
- Entonces seria “Summer”.- lo pronunció correctamente. Asentí. Se levantó y comenzó a leer.

Su ingles no era para nada perfecto, era bastante tosco y algo bruto pero lo suficiente como para aprobar (por poco.). La clase continuó con normalidad. Joel estaba enojado, lo podía sentir y era obvio por la manera en como me miraba de reojo. Él se sienta en la misma fila que el chico nuevo en el segundo asiento contando desde adelante. Así que hay unos tres o cuatro asientos de distancia (depende de cómo lo mires) y él se las arregla para girar su cabeza y mirarme, creo que rompí su orgullo al rechazarlo y ahora esta obsesionado conmigo.
Ya me imagino lo que piensa, hará lo posible para hacerme la vida imposible ya que lastimar su orgullo es algo imperdonable ya que no puede actuar como un chico dulce conmigo para que me enamore de él (cosa que nunca pasará) y luego romperme el corazón como en una mala telenovela. Que idiota, cada vez que ve una oportunidad para causarme problemas la utiliza. Por suerte siempre caigo bien parada de la situación, sin importar cual, y la uso a mi beneficio. Soy como un gato que siempre cae de pie, con suavidad y elegancia (la mayoría de las veces.) Sergio se sienta detrás de él.

La campana sonó, hora del recreo. Todos se abalanzaron sobre el chico nuevo y empezaron a preguntarle muchas cosas (las típicas, su familia, como era en su otra escuela, de donde venía, si era rubio natural, etc.) cuyas respuesta no oí porque salí deprisa hasta la oficina de Mauro.
Como de costumbre los pasillos estaban repletos y aun así pude llegar a la oficina de Mauro en tiempo récord.

- Explícate.- le exigí. Él me miraba sorprendido y por un segundo pareció no saber de que estaba hablando.- Dime que planeas con el chico nuevo y conmigo.- le explique. Él comprendió sobre que hablaba.
- ¿Por qué crees que planeo algo? ¿Y porque tendría que ver contigo? Estas un poco paranoica Mar. Tendrías que relajarte mas y sonreír mas ¿Has notado que siempre estas seria e inexpresiva?
- Mauro, no me esquives. Te conozco de toda mi vida, sé cuando planeas algo. Y apuesto lo que quieras a que estas planeando algo.- Lo mire a los ojos, firme, esperando una respuesta. Al cabo de unos segundos se rindió y suspiró.
- Leo ganó una beca para entrar.- estaba ojeando un archivo.- Fue expulsado de su anterior escuela por estar involucrado en peleas.
- ¿Y como lo dejaron entrar? Creí que debían tener un legajo impecable para entrar, en especial los becados.- él me tendió unos papeles, los observe y quede sorprendida.- Sus notas en matemáticas, física y química en el examen de ingreso son muy altas.- mas altas que las mías. - Aunque sus notas en el resto de las materias dan vergüenza.- jamas pensé que alguien podía tener tan bajas notas.- Igual, por más buenas notas que tenga en solo esas tres materias no debería de poder entrar si fue expulsado por pelear.
- Yo no dije que fue expulsado por pelear, dije que fue expulsado por estar involucrado en peleas.- lo mire de tal manera que comprendió que quería que explicara eso.- El chico es un imán de las peleas. Por alguna razón todos quieren golpearlo o siempre esta donde no debería estar. Tiene mala suerte. Todas las veces que él peleó fue en defensa propia.
- Bien, tiene mala suerte. Pero sigues sin responder mi pregunta.
- Es un buen chico, es uno de los pocos que tiene permiso para trabajar en esos trabajos de medio tiempo.- ¿trabaja?- Él vive solo, su padre desapareció poco después que él nació y su madre murió hace cinco años, nadie quiso hacerse cargo de él. Se hace cargo de todo por si solo.- eso hizo que cambiara lo que pensaba de él. Ahora lo respeto por todo lo que hace, cosa que nunca se lo diré.
- ¿Él esta trabajando en la construcción del edificio cerca de casa?- pregunte luego de tomar aire, agarrando por sorpresa a Mauro.
- Si, esta trabajando ahí.- eso explica todas las cosas que me dijo, si cerraban la construcción él no recibiría dinero.- ¿Cómo lo supiste?- él estaba sorprendido y confundido.
- No respondiste mi pregunta.- yo esquive la de él.
- El jefe.- es decir el director.- Dijo que quería ayudarlo a cambiar, y cambiar la imagen de la escuela.
- Es decir que deje de ser una escuela de hijos de mama y papa que pagan todo y cubren toda metedura de pata. ¿Dejar de ser una escuela de niños consentidos?
- ¿Te das cuenta de que también asistes a esta escuela?
- Siempre hay uno de cien que es diferente.- me encogí de hombros.
- No me respondiste. ¿Cómo supiste que trabaja en aquella construcción?
- Esta cerca de casa, además el otro día tuve un encuentro con él.- dije malhumorada al recordarlo.
- ¡Oh! Eso es genial, si ya son amigos no hay problema con que lo ayudes.- me dijo con si típica sonrisa. Me irrita que haga eso.- Como decía mi abuela, “las coincidencias no existen. Solo...- lo interrumpí.
- “Solo lo inevitable.”- complete haciéndole burla.- No lo repitas ¿Quieres? Me irrita.- me lleve una mano a la cabeza en señal de jaqueca.
- En fin, el director quiere que tu lo ayudes. Se lo pediría a McFire o a Summer.- y el presidente y vicepresidente.- Pero ellos ya tienen bastantes con el consejo estudiantil. Así que como tu eres la segunda mejor alumna de inmediato tu nombre vino a su mente.- me guiño un ojo pensado que me sentía orgullosa de ello.
Veamos, soy la segunda mejor alumna siendo McFire el primero, pero soy yo quien siempre sale a la cabeza en los ranking de los exámenes ¿Por que? En otro momento lo explicaré.

- No importa lo que digas, no lo haré. No seré niñera de ese tipo ni por todo el oro del mundo.- empecé a caminar hasta la puerta.
- Deberás hacerlo, si no lo haces el jefe no te dará las recomendaciones que necesitas para entrar a esa universidad que quieres.- lo dijo como si se trataba de un dato mas, sin importancia alguna.
- Mauro.- pronuncie lentamente.
- Fueron sus palabras, no la mías.
- Claro, y debes obedecer como un buen perro faldero que eres.
- Mar, no es lo que yo...
- Cállate.- le dije bastante enojada.- Tu sabes bien lo que quiero. Puedo ver claramente que eso no te importa, y esta bien. Lo que me molesta es que actúes falsamente como que no estas involucrado en el asunto. ¡Por una maldita vez actúa como un adulto y hazte responsable de lo que debes! Ten en cuenta que nunca podrás ser un niño, tarde o temprano deberás crecer.

Cerré la puerta de un portazo. Me molesta tanto que diga algo solo porque su jefe lo pidió, amenazándome con no darme las recomendaciones que me prometió para entrar a esa universidad de élite. Solo con dichas recomendaciones podría conseguir una beca y entrar, ser la primera alumna que ingrese gracias a una beca. Ser la primera que se gradúe de tal institución al haber entrado con una beca.
La Universidad Internacional Rayo de Luna ¿Extraño nombre para una universidad que recibe alumnos de todas partes del continente? Sin duda, no lo niego. Pero su nombre proviene de aquella famosa leyenda del escritor Gustavo Adolfo Bécquer. Si uno persigue sus sueños, ¿se dará cuenta de que es solo algo que imagino y nunca podrá alcanzarlo por mas que lo desee con todo su ser? ¿Será solo una mera ilusión? ¿O logrará alcanzarlo y ese sueño se materializará dejando de ser un simple sueño? Todos los años grandes cantidades de personas se inscriben en esa universidad y solo unos pocos se gradúan. Aquellos afortunados terminan siendo grandes médicos abogados, políticos, arquitectos, fotógrafos, periodistas, escritores, miembros de la ONU o alguna organización importante de algún país, en fin, personas de fama mundial.
Para lograr mi sueño es necesario entrar en esa universidad, ser la primera alumna con las notas más altas de toda la historia de la universidad y lograr ganar una beca. Mi sueño solo se puede cumplir en ese lugar, solo ese lugar tiene el mejor programa en el cual estoy interesada.

Volví a clase, se me hizo un poco tarde pero el profesor aun no había llegado. Fui directamente a mi asiento y note que el chico nuevo no estaba, no me importó. Busque mi libreta debajo de mi mesa, en la cual siempre suelo hacer garabatos o escribir cosas sin sentido (lo necesario para pasar el tiempo.) y encontré mi libro de inglés. Con un trozo de papel que tenía escrito “gracias.” Me mordí el labio inferior, ¿cómo podía sentir culpa por algo que aun no comenzaba a hacer? Lo que Mauro me pidió, y que no le perdonare por unos cuantos meses, me iba a costar. No quiero mentir, y tampoco quiero hacerme cargo del chico, pero no quiero perder esas recomendaciones que significan mucho. Tiene que haber alguna manera.

- ¿Dónde está el chico nuevo?- les pregunte a unas chicas que ahí estaban. Las tres ser sorprendieron, creo que era la primera vez que yo les hablaba sin que ellas me hablaran a mi primero.
- No lo sabemos, le estábamos preguntando algunas cosas y se exasperó de un momento a otro.- traducción, se irritó lo suficiente como para callar a toda la clase de una.
- Salió de la clase hecho una furia, nos miro de una manera aterradora. Jamás pensé que conocería a una persona que da mas miedo que vos.- esta chica, Susana no sé que, era honesta (eso era un punto a su favor).
- Hizo callar a todos con una sola mirada y un “Dejen de ser una molestia” Es muy antipático ese chico.- asentí con la cabeza, mientras pensaba en algo.
- Él realmente tiene ese tipo de mirada.- dije vagamente mirando de reojo por la ventana. ¿Dónde podría estar?
- La verdad no sé que esta pensando el director trayendo a ese tipo de gente.- le comentó una de las chicas a la otra que no era Susana. Creo que se llamaba Carolina.
- Tienes razón. Nuestro pacifico ambiente será destruido si sigue trayendo a gente como esa.- le respondió con cierta risita que me molestó.- Si todos nos quejamos lo tendrán que expulsar ¿Verdad?- Cierto, esta chica era la más ególatra, superficial y estúpida que jamás he conocido. La líder del pequeño grupito que se cree mejor que todo el resto del colegio. Leyla Narcisse (Gracioso ¿no? Narciso en francés.)

¿Tanto me distraje que le hable a la persona que menos soporto?

- ¿Ustedes solo se dejan llevar por la primera impresión? ¿Van a hacer que lo expulsen solo por el hecho de que las miro mal y pidió que lo dejen en paz? ¿Tan superficiales son?-estaba bastante cansada como para voltearme y actuar como que nada había pasado, pero debía descargarme con alguien.- ¿Tan ególatras son que no se les ocurrió pensar que el chico estaba solo cansado o agotado por el cambio de escuela?- Susana y Carolina intercambiaron miradas analizando esa posibilidad, Susana reflejo cierta culpabilidad y Carolina no tanta.
- ¿Y eso que tiene que ver?- Leyla era la única que parecía que no se arrepentía de pensar lo que pensaba del chico. Me miraba desafiante.- Todos estamos cansados en algún momento o estresados. Pero eso no justifica que tratemos a los demás como él lo hizo.
- A claro. ¿Y si justifica el hecho de que cuando Gisel combinó mal unos colores del maquillaje con la ropa que usaba le dijeras de todo y la tratarás de algo peor que escoria?
- No sé de que hablas.- ella lo recordaba a la perfección, su reacción era evidente.
- “No entiendo como pudiste combinar esos colores con esa ropa”- imite exactamente su desprecio y su actitud arrogante que mostró en el momento de pronunciar esas palabras.- “No entiendo como alguien en su sano juicio combinaría eso. Solo un retrasado mental lo haría. No, un retrasado mental podría combinar meramente los colores.”- la mire levantando una ceja.- ¿Debo mencionar también cuando hiciste que Carolina terminara con su novio ya que según tu él no tenia estilo ni era cool?.- vi tristeza en los ojos de Carolina y odio hacia mi en los ojos de Leyla.- Deja de ser tan egoísta y superficial, eso no te llevará nada. Y ustedes.- mire a Carolina y a Susana.- Deberían pensar mejor con quien se juntan, si se quedan demasiado tiempo quedaran atadas a ella y cuando quieran dejarla no podrán huir.- les avise, ese era el futuro que veía si ellas seguían así.
- ¿Les estas diciendo que me dejen y se unan a ti? Las estas amenazando, crees que eres diferente a mi cuando no lo eres. ¡Hey no me des la espalda cuando te hablo!.- ya comenzaba a irme. Gire mi cabeza mirando sobre mi hombro sin girar mi cuerpo.
- No estoy diciendo nada de eso. Solo les recomendé que se alejaran de esa persona que pide dejar a quien uno quiere por simple capricho. Esa persona quiere destruir la felicidad de los otros ya que no puede ser feliz ella misma, es un ser patético.- Tal vez me estaba pasando de la raya, pero realmente me enfada ver a personas como ella.- Solo les recomendé que se alejaran antes de que no puedan hacerlo.- y sin mas me fui.

Recorrí la escuela buscando donde se podía hallar el chico nuevo. Mientras lo hacía pensaba en los distintos lugares en los cuales podía estar. Como tiene muchos trabajos debe de estar cansado, de seguro busco un lugar en donde dormir. Dudo que haya ido a la enfermería, es demasiado ruidoso ya que algunas parejas la usan como un hotel de amor (me estremece el solo pensarlo.). De inmediato vino a mi mente la azotea, el lugar más tranquilo que hay. Casi nadie suele ir, ya sea porque no esta totalmente permitido o porque no les gusta.
Corrí subiendo las escaleras, algunos músculos tiraron provocándome dolor, y casi me quedo sin aire. Abrí la pesada puerta de metal y una corriente de aire casi me empuja hacia atrás. El sol brillaba, quede algo atontada por el cambio de luz pero al seguir hacia a adelante me acostumbre.
Mire a mi alrededor, igual que un pueblo fantasma, totalmente desierto. Quizás ya todos se fueron a sus respectivas clases, eso me hace preguntar ¿Qué es lo que hago aquí buscando al chico nuevo? No lo entiendo muy bien pero sabía que debía hacerlo.
Escuché un ruido ¿un ronquido?, lo seguí. Venía de arriba, subí las escaleras que hay contra la pared y quede en el techo donde hay un gran tanque de agua en caso de emergencia. Bueno, lo dejan con esa excusa ya que no les da gana sacarlo, quedo de la antigua estructura de tuberías, de cuando no había agua corriente. Y ahí estaba él.
Acostado boca arriba, con las manos detrás de la nuca, los ojos cerrados y el viento mecía con suavidad su cabello. Creo que me quede contemplándolo unos segundos ¡¿Que?! Sacudí mi cabeza alejando ese tipo de pensamiento incoherente, el ruido de una lata cayendo y rodando por el suelo por el viento me ayudo a despertar.

- Oye.- lo llamé, él gimió pero no me respondió.- Oye.- lo volví a llamar, y esta vez le toque el rostro con mi dedo índice, como si estuviera probando que no esta muerto. ¿Dónde hay una rama cuando uno la necesita? Tuve que agacharme para hacerlo.- Oye
- ¡¿Qué es lo que quieres?! – se levantó de golpe agarrando con fuerza mi mano quitándola de su rostro y mirándome furioso. Sus ojos se clavaron en mi, fijos y furiosos. Vaya, el chico tiene mal malhumor cuando se levanta.- ¿Chica suicida?- bajo su tono de voz al darse cuenta de quien era yo. ¿Eso significa algo? -¿Qué es lo que quieres?- al parecer se calmó. Pero seguía sosteniendo con fuerza mi mano, nuestras manos estaban sobre el suelo. Incluso así, me miraba con cierta superioridad.
- No me llames así, mi nombre es Marina.- el apodo que él usa es raro y no me gusta. – Te vine a buscar, ahora mismo tendríamos que estar en clase.- le dije.
- Ah, eso. No me interesa.- dijo despreocupado, soltó mi mano y volvió a acostarse como estaba antes.
- ¿Faltaras a todas tu clases?- dije algo incrédula.
- Así es.- dijo sin mas con los ojos cerrados, estaba hablando en serio.
- ¿En tu primer día?- definitivamente no podía sonar más idiota, de seguro pensará que nunca vi a nadie saltarse las clases. Pero nunca vi a nadie saltarse todas las clases en su primer día.
- Si.- abrió uno de sus ojos mirándome.- ¿Por qué has venido? De seguro no es porque quieres saltarte las clases, se nota a simple vista que eres una chica buena con tendencias suicidas.
- Primero, no soy suicida y nunca me voy a matar, eso seria solo un escape fácil y no me gusta lo fácil. Y segundo, ya te lo dije, te vine a buscar. No puedo permitir que en tu primer día le des una mala impresión a todos los profesores, la mayoría son muy rencorosos.
- Y el resto unos locos.- dijo admitiendo lo que yo decía.- En especial ese tipo, Mauro. Su sonrisa me da escalofríos, nadie puede sonreír todo el día.
- Él es la excepción. Lo conozco desde mi infancia, y todas las veces que lo veía siempre tenía esa sonrisa.- es la verdad, triste verdad. (-.-)
- ¿A cada segundo?- vi en su rostro sorpresa e incredulidad, no podía creer lo que yo decía. Asentí con cierto pesar, ya que esa sonrisa en malos momentos es escalofriante. Ahora por su rostro cruzaba cierto horror, de seguro se imaginaba como sería sonreír a toda hora todos los días, eso le causaba terror.- Eso es aun mas aterrador.
- Bien, basta de charla. Hay que ir a clase.- me levante y sacudí la tierra de mi falda.
- ¿Por qué debería hacerlo? No me interesa.- volvió a su pose inicial.
- Idiota.- me levante y me puse delante a él.- ¡Si quieres tener dinero y ser alguien importante debes terminar los estudios con todas las materias aprobadas!- creo que le llame la atención como una maestra o madre lo haría, eso no me hizo sentir bien (-.-) Él volvió a levantarse sentándose apoyando su peso en sus brazos a sus costados y sin despegar su trasero del suelo. Me miraba en espera de una explicación mas valida. ¿Qué esperaba? ¿Qué le dijera que no podía hacerlo porque estaba mal y era incorrecto? Eso realmente no me importaba. - Además yo seré.- el viento soplo fuertemente, levantando mi falda… no llegue a cubrirme.
- Oh, bragas blancas.- dijo como si nada, como si fuera lo más normal que me viera la ropa interior. Pero tenía una sonrisa picara en el rostro.

Por reflejo cerré mis ojos con fuerza tratando de contener la ira, mientras lo hacia gire sobre mi misma apoyándome en mi pie derecho y alzando mi pierna izquierda de tal manera que le di una patada giratoria en su mandíbula y lo hice volar unos dos o tres metros, creo. ¿Qué es más eficaz que una bofetada? Pues una patada.

- Imbécil. – mi sangre corrió a mis mejillas, de lo furiosa que estaba y de la vergüenza que sentía. Me acerqué a él mientras se recuperaba del golpe y lo tome del cuello de la camisa.- Si le llegas a hablar de esto a una sola persona, tus amigos o un desconocido en la calle, quien sea, serás hombre muerto.- esta bien, sé que exagero pero me enfurece que me vean la ropa interior.- ¿Lo comprender? Hay cosas sobre las cuales no puede hablar su majestad, ni debe.- Lo mire fijamente a los ojos, y esta vez no me perdí en su mirada.

Él estaba sorprendido por mi reacción, por la patada y porque ahora yo lo agarraba del cuello de la camisa. Y nuestros rostros estaban bastante cerca. Definitivamente lo había agarrado por sorpresa.

- Si.- respondió luego de un instante. No lo solté.
- A demás seré yo quien este en problemas si no asistes a clases.- En ese momento lo solté, me enderecé y gire mi rostro hacia la otra dirección.
- Así que...- tenía una mano en su mejilla, donde le pegué. Apoyo un pie en el suelo, estaba a punto de levantarse. Su flequillo caía sobre sus ojos de tal manera que hacía sombra, no podía ver sus ojos.- Tu solo has venido para no tener problemas. No es por que eres considerada ni nada de eso, ninguna de las cosas que dijo Mauro-sensei.
- ¿Mauro te hablo de mi?- él se levantó pero no me respondió.- Pues no le creas.- él me miró sin entender.- A pesar de que hace mucho tiempo que me conoce, el no me conoce muy bien. Nadie lo hace. Así que podría decir que el noventa por ciento de lo que él dice de mi y cree saber de mi es erróneo.- el viento sopló, mas suave que antes. Lo disfrute.
- ¿Y el diez por ciento restante?- ya estaba erguido, con las manos en los bolsillos y mirándome con su acostumbrada superioridad.
- En casos muy raros aciertan.- me encogí de hombros.- ¿Vamos? El profesor que tenemos ahora es un pesado, si no nos apuramos se va a enojar realmente y se encargará de hacer el resto de lo que nos quede de escuela hasta que nos graduemos en un completo infierno. – Baje por las escaleras, estaba a punto de entrar por la puerta cuando él salto y apareció detrás de mi, me agarro por sorpresa.
- ¿Tan pesado es?- preguntó como si nada.
- Como no tienes idea, pero como eres el chico nuevo puedo decir que nos entretuvimos mientras te mostraba las instalaciones principales.
- Una perfecta excusa...- hizo una sonrisa torcida y juntos fuimos al salón, casi jalándolo. En el camino le pregunté algo.
- ¿Mi libro de texto? El de ingles.
- Uno de los chicos dijo que te lo daría, no recuerdo su nombre. - ya me hacía la idea de quien era.- Joel algo creo…
- Entiendo, gracias.- le dedique una sonrisa medianamente verdadera y entramos al salón.

Pedí disculpas al profesor como suelo hacerlo, dije nuestra excusa y con la mirada fría de su majestad y de la mía todo quedo arreglado. Al pasar por enfrente de Joel le dedique una sonrisa, y él en respuesta se aterrorizo.
Las clases continuaron con normalidad, con murmullos y miradas poco disimuladas, hasta después del almuerzo. Luego de comer y terminar de leer tranquilamente el libro de mitología que tenía, comenzó a correr otro rumor por la escuela. Bueno, yo lo noté mientras caminaba por el pasillo de vuelta al salón de clases.

- ¿Escuchaste? Un chico muy guapo anda por la escuela.- el murmullo se hace mas claro al entrar al salón. Una de las chicas le cuenta a otra emocionada.
- Si lo oí. ¿Lo habrán trasferido a último momento?

Las chicas estaban emocionadas. Ya que Leo había destruido sus sueños de un amor durante la escuela con su fría mirada, ahora con ese supuesto chico nuevo las esperanzas se levantaban de sus cenizas. Que molesto. Como pude cerré mis oídos y me separe de ese ridículo mundo.
Llegué a mi salón y me senté en mi lugar. Me quede mirando por la ventana hacia el cielo, tratando de recordar las partes interesantes de mi libro. Cuando me percate de la hora ya todos habían entrado, con excepción de su majestad.
Mire al asiento vacío a mi lado unos segundos y luego volví al inmenso cielo azul. No iría a buscarlo dos veces.

- Muy bien chicos. Comencemos la clase.- Mauro entró, al parecer la profesora Rodríguez aun tiene licencia por maternidad.- Abran la pagina cuarenta y nueve. Luna, - llamó al chico, Sergio.- Lee el tercer párrafo y –se calló al ver a la secretaria del director esperando en la puerta. – Vaya. ¿A que debemos que tenemos el honor de que un ángel nos visite?
- Acoso sexual.- tosí para molestarlo. Claro que recibí distintas miradas, de sorpresa, de enojo por las fans de Mauro y del mismo Mauro. Se había sonrojado. La secretaria de unos cincuenta años ya solo reía, ella sabía claramente como era nuestra relación.
- Lamento interrumpir pero hay un nuevo alumno y fue designado a esta clase.- sucedió lo mismo que con su majestad.
- ¿otro mas? Eso si que es extraño
- Por favor pasa y preséntate Daniel.- ese nombre me hizo girar y ver al otro chico nuevo. Esto tenía que ser una joda.
- Hola. Mi nombre es Daniel Blackbird. Me mudé no hace mucho a la ciudad y no tengo muchos conocidos aquí. Por favor sean buenos conmigo.- sonrió de tal manera que dejo encantados a todos.
Si, en definitiva esto debía ser una joda. ¿Dónde están las cámaras ocultas?
- Por favor Daniel, toma asiento. Yo tengo algo de que hablar con la señora.- se disculpo Mauro y salio al pasillo para murmurar algo con la secretaria.
- Hola Marina.- Daniel se me había acercado y me sonreía.
- Hola Daniel – le respondí sin animo alguno. Mire al asiento vacío y luego a él.- Esta ocupado.- No lo quería tener al lado mío.
- No veo a nadie aquí.- dijo con una sonrisa medianamente burlona y puso su mochila en la silla.

Las voces del pasillo se hicieron mas claras y Leo apareció Entro disculpándose con el profesor de turno y se dirigió a su asiento.

- Ese es mi lugar.- fulminó con la mirada a Daniel, o quizás solo lo estaba mirando (su mirada se puede malinterpretar).
- Como no vi a nadie creí que estaba vacío.- respondió el de ojos verdes inocentemente. Fingiendo por su puesto.
- Esa es mi mochila, mi carpeta, mis cosas.- su majestad parecía estar de malhumor.
Hubo un choque de miradas. La mirada dorada chocando con la mirada de jade, y ninguna se quería dar por vencida. Daniel con su sonrisa, (empiezo a creer que es igual que Mauro y eso me deprime. No sé como manejare a dos caras sonrientes (-..-) Tendré que ignorar a uno, y ese será Daniel.) y Leo con su semblante de serio y amargado.

-Chicos, la clase va a comenzar. Leo siéntate en el lugar que se te asigno a la mañana. Daniel, por favor siéntate en el único asiento libre del fondo.- La sonrisa de Mauro podía parecer amable pero en realidad era amenazadora, yo podía imaginarme las nubes negras y los truenos de fondo.

Daniel obedeció porque, después de todo, es un chico bueno que hace lo que le piden para quedar bien con los demás. Leo parecía estar medio dormido, lo mas seguro es que se puso a dormir en algún sitio y la campana que finaliza la hora del almuerzo lo despertó.
Fueron tres horas de clase seguidas. Mauro lo manejo bien y nos dejo libre la última media hora (Solo fueron dos horas y media de clases dadas) para que conociéramos mejor a los chicos nuevos. Todos se abalanzaron contra Daniel, se repitió lo mismo que con Leo pero el chico de ojos verdes no los echó. El de ojos color miel se puso unos audífonos, se puso a escuchar música, y se acomodo en su asiento apoyando su cabeza sobre la mesa usando sus brazos de almohadas y se puso a dormir. Yo me puse a leer mi libro, ignorando todo lo que sucedía a mi alrededor.

La campana deseada sonó y fui la primera en salir del salón. Ya tenía todo guardado mientras que el resto de los chicos hablaban con Blackbird. En el camino me crucé con Mauro.

- ¿Ya te vas Mari?
- Mientras mas pronto me aleje de aquí mejor.- dije claramente molesta.
- ¿Quieres huir de Leo?
- No, mas bien de Blackbird. Ya es suficiente que tenga que soportarte a ti todo sonriente, no puedo aguantar a alguien mas.- él me miró sorprendido.
- ¿También conoces a Daniel? ¿A los dos chicos nuevos?
- Blackbird es el hijo del nuevo compañero de mi padre. Papa los invito el otro día. – le explique.
- Los conoces a ambos. Es claramente es el destino.- dijo con una clara sonrisa.- Como decía mi abuela. “Las coincidencias no existen, solo lo inevitable”
- Mauro, si vuelves a decir eso te acusare con la corte escolar por acoso sexual ya que has visto mi ropa interior ¬¬###- él se paralizo.- Así que no vuelvas a decir “Las coincidencias no existen, solo lo inevitable” porque sabes que solo lo soporto una vez al día.

Y sin más me fui a mi casa. Comer, hacer los deberes, leer un libro, y dormir. Todo lo sucedido eran coincidencias, malas coincidencias.

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*¬* gracias Lili
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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Dom Mar 14, 2010 5:58 am

(el chocolate no viene al caso Very Happy pero es el equivalente a la dosis de fic)
Realmente valio la pena la espera!!!!! El capit e quedo genial, me encanto el dia de escuela y la frase de la abuela de Mauro (y lo de que Marina solo soporta esa frase una vez al dia xDDDD)

Me enamore de Mauro, que lindo es y que lindo como me lo imagine cuando mando a Daniel y Leo a sentar con la sonrisa amenazadora, tan Kyou-chan lo senti (*¬*)

Luego me paso a hacer una review decente, ya el sueño me gana xDD

Espero saber algo pronto del tercer capi :P

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Todo dentro de mi se estremece cuando vienes tu, y cuando me tocas siento como derrites mi interior, era tan inocente no me di cuenta y cai ante ti pero me enloqueces con todo lo que tienes tu~
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yuuki
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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Dom Mar 14, 2010 12:02 pm

wiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii genial !!
concuerdo con noe me encanta lo de la frase y que solo la soporte una vez al dia XD
amo a los personajes enserio son geniales !!
pobre marina XD

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Hikaru
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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Lun Mar 15, 2010 4:37 pm

Jaja, ya te dije que me encanta Marina ??? Creo que lo habia dicho antes pero me encanta la chica.
Sobre el amigo Mauro, le tira el can o solo es amabilidad?? Aunque esa teoria se desmorona cuando asigna a Leo jaja pero aun asi, sera que le encanta hacerla enojar ??? ja ja ja
Sobre Leo .... bueno, me tuve que leer el primer capitulo otra vez Very Happy... digo hace varios meses que lo habia leido jaja y hasta apenas te dignaste a ponerlo ¬¬ ... volviendo al post, pues otro chico misterioso y malo que me encantó jaja, aunque casi es como si toda la mala suerte del mundo le hubiera tocado Cool
Y pues con el otro individuo ¬¬ y es que el chico con su hipocresia ¬¬ .... su sonrisa divina y mas ¬¬ El no me cae
En fin, que mas decir, esto apenas esta empezando y pues ... No existen las .... ok, una sola vez al dia nada mas jajajaja
Saludos

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Me tome una pastilla me juraron que haria olvidarme de que no estas aqui y y entre frascos vacios que alfombran mi barco no despierto ni puedo dormir...
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Kyra
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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Jue Mayo 13, 2010 12:48 am

Normandie

Fate Capitulo 3: "Complejo de Superheroe"

Una semana paso ya desde la llegada de mis dos muelas del juicio. Por suerte no crucé palabra de mas e innecesaria con ninguno de los chicos nuevos. Todo era tranquilo, solo fueron algunas explicaciones sobre algunas cosas para su majestad y algunos cruces de miradas con Daniel. Nada malo, nada peligroso, nada mal intencionado, nada de nada. Llegue a pensar que tendría una vida normal pero las palabras de Mauro me atormentaban cuando creía que alcanzaría la paz en mi vida escolar. Razón por la cual yo salía mas temprano para no encontrarme con él, es imposible que él se levante mas temprano considerando que siempre suele llegar tarde por quedarse dormido.
Quisiera crear una maquina del tiempo o algo para acelerar estos años de secundaria. Uno se esta muy tranquilo leyendo en el parque esta a dos cuadras del colegio. Una mañana con el cielo despejado, los pájaros cantando y la ciudad ya esta despierta. Pero uno esta muy tranquilo, demasiado. Sé bien que llevo una vida normal, pero siento que algo no esta bien y la ausencia de algo se hace mas presente cada día.
Cuando se hizo la hora de ir al colegio me levanté del húmedo suelo a la sombra de un árbol. Me arregle un poco y empecé el camino de dos cuadras hasta el colegio. Al doblar en la esquina vi a Daniel a un lado de la calle como si esperara por alguien. Tenía su cabeza inclinada hacia atrás, su cabello negro era mas brilloso cuando reflejaba la luz del sol y con su pálida piel parecía una especie de muñeca de exposición en una caja de cristal bajo todas las luces resaltando toda su hermosura.
No lo niego, el chico es lindo. Y es por eso que tiene ya un pequeño grupo de fans que aumenta cada vez que demuestra sus habilidades deportivas, su sonrisa encantadora y engañosa, su “caballerosidad” y otras cosas que de seguro sus fans ya están escribiendo en su Biblia.
Pase a su lado ignorándolo. Me saludo pero no le preste atención. Luego de caminar un par de metros corrió hasta quedar enfrente de mi. Tuve que detenerme.

- ¿Por qué me ignoras?- me clavó su mirada de jade paralizándome un segundo.- Llevó una semana siendo tu compañero y cuando me hablas es como si fuera una molestia para ti, una carga que no quieres llevar.
- Si no te has fijado, soy así con todo el mundo.
- Excepto con el profesor Rosas y con Diacri.- parecía. ¿Enojado?
- A Mauro lo conozco de siempre.
- Y a Diacri lo conoces la misma cantidad de tiempo que a mi. Es mas, me conoces de antes a mi por la cena de nuestros padres.- me interrogó con su mirada. Sus ojos jade eran shokeantes, si no fuera porque me recuerdo a cada minuto que no debo bajar la guardia ahora estaría casi a su merced.- ¿O acaso el chico malo es tu tipo?- lo ignoré y seguí caminando.- Vamos, respóndeme. No seas fría. – seguí caminando.

Al parecer Daniel perdió la paciencia, porque me agarro del brazo y me acorralo contra la pared. De nuevo mi cuerpo no reaccionó como quería. Sus ojos estaban fijos tratando de leerme, su cuerpo estaba cerca mío y su rostro aun mas a pocos centímetros de distancia. Él estaba extraño, su cuerpo estaba sereno y sabía que no se acercaría mas, pero su rostro era serio y trataba de hacerme flaquear en mi postura defensiva.

- Habla conmigo.- eso estaba entre medio de una suplica y una orden, pero mas cerca de lo segundo.
- ¿Por qué actúas así de pesado conmigo? ¿Qué hice para merecer esto?- me estaba dejando llevar por mis emociones, o quizás solo por la situación.
- Eres incomprensible. No logro leerte, no sé que hacer para agradarte. No sé que hacer para que me mires con algo mas que odio.- yo no lo miraba con odio. No era mi intención…- Cuando nos conocimos hasta te sonrojabas por estar algo mas lejos que esto y ahora es como si nada. No logro comprenderte.
- No eres el único que suele fingir. Ese día mi madre me pidió que fuera amable, ya que es importante según ella que la relación de mi padre con sus compañeros sea algo mas que solo compañeros. Ella quiere que su esposo regrese todos los días a casa, y la única manera de hacerlo es que sus compañeros le protejan la espalda como si fueran familia.- claro que esa es mi hipótesis pero no estoy muy errada.- Lamento haberte mentido ese día.- esta vez fui en verdad sincera y en verdad estaba avergonzada. ¿Por que?
- ¿Fingiste toda la cena?- asentí sin verlo.- La manera en como actúas en la escuela ¿Es de alguna manera tu verdadera personalidad?- volví a asentir.
- En la escuela ya tengo una reputación por la que nadie se me acerca voluntariamente. Eso no me molesta, lo molesto es que se me acerquen queriendo siempre algo a cambio.
- ¿A caso piensas que harás amigos comportándote de esa manera?- su rostro se acercó un poco mas a mi. Yo gire mi rostro para mirarlo, nuestros ojos chocaron, algo había cambiado.
- A mi no me interesa hacer amigos. Menos de amigos mal intencionados y que quieren sacar ventaja de algo.- fui completamente sincera. Use mi mano para alejarlo de mi.- Ahora si me disculpas, no quiero llegar tarde.

Lo aparté del camino y empecé de nuevo el viaje. Él se quedo atrás unos segundos hasta que decidió acercarse a mi de nuevo pero esta vez solo camino a mi lado.

- ¿Acaso eres bipolar o solo masoquista?- le pregunte sin mirarlo y sin dejar de caminar. Si me seguía a pesar de no entenderme en lo más mínimo y eso lo frustraba hasta el punto de perder su máscara de chico bueno y encantador, sin duda era masoquista.
- Estaba a punto de preguntarte lo mismo, no fui yo quien soporto en silencio todo el dolor que una gran caída puede llegar a provocar.- contraataco. No pude evitar sonreír disimuladamente, de alguna manera me estaba divirtiendo.

Llegamos al colegio y cada uno en su asunto. Él con su sonrisa encantadora hacia los demás, yo con mi lectura. Leo llegó tarde a clase, el profesor lo reprendió y le dio tarea extra porque si no lo hacia los demás sospecharían el porque no lo retan. Si en la escuela se enteran de que trabaja podrían usarlo en su contra o en contra de la institución, y como siempre los adultos se protegen los traseros de alguna demanda o algo similar.
La mañana fue normal, sin muchos inconvenientes, y rápidamente llego la hora de irnos cada uno a su casa. Pero la tranquilidad en que comenzaba esta semana debía ser interrumpida ¿No? Siendo hoy martes, en que tuvimos clase de gimnasia con los de tercero, matemáticas, lengua, ingles, historia. Siendo hoy el día en que comenzaba a creer que la vida escolar tranquila sin problemas era posible, el destino debía golpearme en la cara y decirme lo contrario.
Mientras caminaba por el pasillo el claro murmullo de todos era algo que no se debería de llamar murmullo por su alto volumen. Odio esto. Sé bien que cuando todos susurran de esa manera a la vez, es que algo va a pasar, por lo general una pelea. “No es mi asunto” me repetía a mi misma, intenté caminar rápido e irme pero algo me lo impidió. Tenía un mal presentimiento, una mala espina que me hizo escuchar con mas atención el murmullo.
- Detrás del ala Este ¿Cierto? Vamos, quiero ver como le dan su merecido a ese chico.- decía un chico de segundo a otro.
- Si, se lo merece por creerse la gran cosa.- le respondió el otro mientras caminaban apurados.

Me dirigí al lugar de la pelea. Bueno, en realidad me elegí un lugar para mirar a quienes peleaban. Desde el pasillo del primer piso en el que ya había gente asomando su cabeza, por la ventana se veían a los siete alumnos de que acorralaban contra la pared a un dolor de cabeza de cabello amarillo. De los siete alumnos, cinco eran de tercero y dos de segundo. Nuestros sempais son peleadores, lamentablemente.
Leo dijo algo, de lejos pude ver que movía los labios, yo esperaba que les haya pedido amablemente que se apartaran del camino pero los superiores comenzaron a empujarlo como si jugaran con él. Fue una escena típica de primaria. Él se mantenía normal, cosa que irritaba aun mas a los otros.
Se me escapo un suspiro involuntario. Nadie se había dado cuenta de mi presencia hasta que abrí la ventana y salté hasta la rama del árbol más cercano. Salte en rama en rama hasta llegar al suelo y caminar sin mucho ánimo hasta el centro de la pelea.

- ¿A los sempai les gustan las peleas injustas?- todos voltearon a verme. Leo estaba en el suelo contra la pared, el chico en ningún momento devolvió los golpes.
- Pequeña, si no quieres salir lastimada se sugiero que te des vuelta a tras y no vuelvas.- me dijo el mas grande de pelo negro atado con una colita, un claro pandillero con piercing, que al parecer no me conocía. Debe de haber salido hace poco del hospital, o haber tenido que viajar porque de lo contrario me conocería.
- Idiota. Ella es la medusa de nuestra escuela.- le dijo otro que si me conocía. Alumnos de tercero ¿Medusa?- Puede ser hermosa pero su mirada vuelve piedra a cualquiera que la ve.
- Si Medusa esta aquí son problemas.- decía uno de segundo a su compañero.
- Estamos muertos, toda la escuela le teme.- le respondía el otro.
- Incluso los rumores de nuestra Medusa ha llegado a otros institutos.- comentaba uno de pelo castaño y corto. Al mirarlos a todos los reconocí, a excepción del pandillero todos eran miembros del equipo de futbol formado para la clase pasada de gimnasia y la que tuvimos hoy. Pero él era Ramiro Torres, de tercero y titular del equipo de futbol. Los de segundo también eran miembros del equipo, aunque solo eran principiantes. Sus nombres eran Matías Ledesma y Martín “Tincho” Lescano.
- Oigan. ¿No creen que llamarme Medusa es ofensivo?- acomode mi cabello que estaba hacia delante y lo puse donde debería ir, en mi espalda. Como era invierno llevaba puesto el uniforme de esta época, el saco con el escudo del colegio y la falda gruesa. Debajo de esta llevaba unos shorts y tenía las panty medias puestas, aun así no se me quitaba el frio. Me acerque a ellos.
- No me importa quien sea. Sigue siendo una niña que se metió donde no la llamaban.- el pandillero se me acercó y el resto tomo confianza. Solo vi algo de duda en los ojos de Ramiro-sempai pero no era por el supuesto miedo que me tienen algunos.- Todos juntos podemos con una sola niña pequeña.- el tipo se acercó de manera amenazadora que no me asustó en lo mas mínimo.
- Ustedes buscan pelea conmigo. Ella no tiene nada que ver.- Leo se levantó como si nada y su mirada era mas aterradora que nunca.- Ella…- lo interrumpí al lanzarle mi bolso.
- Te pide gentilmente que sostengas su bolso.- Traducción: “mantente al margen”
- ¿Crees que puedes con nosotros?- el pandillero me agarró del mentón. Y sonrió de manera perversa.- Quizás nos puedas dar algo a cambio para que dejemos al niño engreído en paz. En el almacén del fondo no suele ir nadie.- me insinúo.
- Oye Aarón. Esto se considera acoso sexual ¿Cierto? – Dije tan fuerte y claro que mi voz alcanzó al presidente estudiantil que estaba mirando desde la ventana del primer piso mas cercana.
- Así es.- se limitó a decir con una sonrisa en el rostro. El chico me suele leer tan facil que a veces asusta. Si es en defensa propia, no me pueden hacer nada y en especial si fue por acoso sexual.
- El niño no puede salvarte pequeña.

El pandillero intentó sujetar mis muñecas pero yo tome su brazo y al poner mi pie de traba lo obligue a que se arrodillara sobre una pierna con el brazo en la espalda y con la otra mano se apoyaba en la tierra.

- ¿Decías?- me estaba burlando de él.
- ¡idiotas! ¡Hagan algo!- les gritó a los demás.
Los demás se miraron y titubearon. De la nada aparecieron otros chicos, pandilleros, con fierros y cadenas. Vaya, el sempai si que tiene una unidad de guerra a su servicio en caso de problemas como este. La mayoría de mis sempais salieron corriendo al notar todo el público que había, cosa que a los pandilleros no les intereso en lo más mínimo. Los únicos que se quedaron a pesar del público y por los pandilleros fueron los de segundo y Torres.
Los pandilleros se me abalanzaron. Di un paso hacia atrás para esquivar una cadena que uno sacudía, me agache para esquivar la mano de otro que quería atraparme de tal manera que mi pierna quedo estirada y al girar provoque la caída del que me quería agarrar y de otro fulano.
Un mengano trató de agarrarme desde atrás pero lo golpee haciendo mi cabeza hacia atrás con fuerza. Fulano 03 y Fulano 04 trataron de abalanzarse ambos sobre mi a la vez, los esquive a ultimo momento causando una colisión entre ellos. Por un momento olvide el de la cadena y esta me agarró la muñeca, gire sobre mi misma e hice que se cayera de cara al suelo.

Todo lo que sucedió después fue básicamente golpe que va, golpe que esquivo, golpe que termina en la cara o alguna otra parte de su compañero pandillero. Tuve que entrometerme cuando Leo no siguió mi consejo de mantenerse al margen. Me puse entre él y uno de los pandilleros y desvié los golpes que iban a intercambiar. Empuje a Leo contra la pared y lo mire furiosa, le dije que se quedara quieto ahí o yo lo golpearía.
Cuando le hablaba uno trato de golpearme pero lo golpee yo antes en el estomago y creo que lo deje inconciente. Era molesto que cada vez que los derribaba se levantaban al rato, entonces decidí que era bueno dejarlos inconcientes de alguna manera.
Luego de dejar “heridos” a varios vi que los que se mantenían en pie eran tres, mi sempai y otros dos pandilleros. Los pandilleros peleaban con los de segundo, y mis sempai estaban peleando entre si.
Ver esa imagen me enfade. Aunque haya peleado o esquivado golpes era la primera vez que quería golpear a ese par en el día. ¿Ninguno de los dos se daba cuenta de lo que podrían perder si las autoridades de la escuela los encontraban peleando? Ninguno de los dos tiene el poder para evitar el problema que eso puede causar.
Me acerque a ellos y los separe, fue fácil hacer que Torres-sempai cayera al suelo ya que no posee un buen equilibrio y en cuanto a Pandillero-sempai con dos movimientos ya estaba en el suelo (Lo golpee en la zona del abdomen con las palmas de mis manos, fue un leve empujón, y le puse la traba.) Me puse enfrente de Torres-sempai, quien seguía en el suelo sin entender que sucedió.

- ¡Eres un idiota! ¿No te das cuenta de que si te atrapan aquí y ahora puedes perder tu beca deportiva?- él se sorprendió por lo que dije. – Y tu.- me gire al pandillero.- Acabas de volver y ya creas problemas. ¿Ninguno de los dos tienen conciencia?
- ¿Se puede saber que espectáculo están montando que toda la escuela esta mirando?- odio reconocer la voz de la persona a mis espaldas.
- Hola Mauro.- dije suavemente.
- Esta prohibido pelear y lo sabes.- me estaba llamando la atención.
- No estábamos peleando.- es hora de mentir.- Estaba ayudando a Torres-sempai a mejorar su equilibro para que asi cuando este jugando no sea tan fácil de derribar. ¿Sabías que todas las artes marciales te enseñan a encontrar tu equilibrio?- explique mientras le daba la mano a Torres para que se levantará. Me di cuenta de que los pandilleros habían huido antes de que el profesor llegara. Solo quedaban los de segundo, Leo y pandillero-sempai, además de nosotros.
- ¿Entonces porque esta Leo aquí?
- Fácil. Porque en la clase de hoy de gimnasia y en la de la semana pasada Diacri pudo derribar fácilmente a Torres por su contextura física y su gran fuerza que no puede controlar. Como fue muy similar a lo que hizo Smith- jugador de un equipo de otra escuela, rival de Torres.- Sempai le pidió una explicación o ayuda para evitar que eso vuelva a suceder. Y como Diacri no es bueno explicando yo me ofrecí a demostrarle como en las artes marciales uno encuentra su equilibrio y lo mantiene. Creí que eso ayudaría.- me encogí de hombros como restándole importancia al asunto.
- ¿Me estas diciendo que lo que estaba sucediendo aquí no era una pelea?
- ¿Crees que Torres se arriesgaría a perder su posibilidad de ganar una beca por una simple pelea? ¿Crees que Diacri se metería en una pelea a una semana de haber entrado a la escuela? ¿Crees que Senek y yo nos arriesgaríamos a meternos en problemas sabiendo lo que perderíamos?- logre recordar el apellido de Pandillero-sempai.
- Por esta vez los dejare ir.-dijo luego de un suspiro.- Pero que no se vuelva a repetir. Vayan a casa, me encargaré de arreglar esto.- hizo un gesto con la mano que todos entendimos, era hora de irnos.

Camine hasta Leo y tome mi bolso y lo agarre del brazo. Lo comencé a jalar y a la pasada también agarre a Torres que estaba apunto de decirle algo a Mauro.

- Nos dio permiso de irnos y eso haremos.- sentencie y ambos chicos se callaron.
- Pero…- comenzó a decir Torres pero los de segundo lo agarraron y lo jalaron también.

Senek estaba a punto de irse también pero Mauro lo llamo de manera muy seria, no tuvo mas opción que quedarse.

- Mauro…- no sé porque sentía que debía intervenir, quizás por la adrenalina.
- Marina, vete. No me hagas arrepentir de lo que acabo de decir.- me respondió de manera dura. Muy raras veces lo veo así.
- Esta bien…- me fui jalando del brazo a Leo.

Senek es hijo de un empresario importante de la ciudad. Pero se crió con su madre en una casa humilde, a unas pocas cuadras de la mía. Su padre hace unos años tuvo un ataque de culpa y comenzó a prestarle atención a su hijo, pero a este nunca le intereso por lo que hace lo que quiere sin importarle nada. Ya recuerdo, todo comenzó con la muerte repentina de su madre. Ese fue el detonante…

- ¿Cuánto mas vas a seguir aferrada a mi brazo? Empiezo a sentirlo entumecido, me estas cortando la circulación.- me dijo Leo. ¿Eh? Ya estábamos a unas tres cuadras de la escuela y sumida en mis pensamientos no me di cuenta de que seguía aferrada a él.
- ¡Lo siento!- lo solté de golpe y no pude evitar sonrojarme.- Discúlpame.- trate de recuperar mi compostura pero no fue inmediato. Me sentía muy apenada, demasiado sonrojada por haber llevado,jalado, a Leo del brazo unas tres cuadras sin darme cuenta.
Me disculpe otras veces, aun sonrojada, y Leo tambien lo hizo, y tambien estaba inexplicablemente sonrojado aunque lograba encubrirlo un poco mirando hacia otro lado. Tuvimos que caminar juntos, su trabajo y mi casa quedaban en la misma direccion. Aunque ninguno de los dos explico el porque tomabamos la misma ruta, yo simplemente lo sabía.
Caminabamos en silencio, pero no del tipo incomodo sino del silencio normal que se produce entre dos personas que caminan por la misma vereda en la misma dirección. Nada especial o raro, dos extraños caminando casualmente juntos.
En un impulso de curiosidad, disimuladamente mire su perfil de reojo. Sus ojos, de ese extraño matiz casi dorado, mirando fijo hacia el frente con determinacion y sin ninguna vacilacion o pertubacion. Su cabello rubio meciendose con la caminata y la leve brisa de invierno. Su rostro lleno de rasgos definidos, nariz sin ninguna inperfecion y sin marcas en el rostro, bronceado natural... No da la impresion de ser un chico que trabaja en lugares como construcciones, pero uno mira sus brazos y espalda. Quizas lo confundan con el fisico de un deportista, pero se nota que es fuerte y ademas tiene los brazos bien marcados y firmes al igual que su espalda (recuerdo cuando me abrazo para protegerme mientras caiamos...)
Desvie la mirada hacia el camino, avergonzada al estar casi mirandolo tan fijamente y por la sensacion que me provoco el recuerdo (¿reaccion tardía?). Nos desvíamos poco antes de llegar al jardín, lo despedi con un leve movimiento de cabeza y él hizo lo mismo. Al pasar por el jardín jugue un rato con los niños, les ayude a mejorar un poco al patear el balon y a las niña les ayude a saltar la soga. El día termino tranquilo, demasiado. Pero el sueño, el descanzo en cama fue reconfortante.

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*¬* gracias Lili
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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Jue Mayo 13, 2010 1:14 am

Excelente capi Yuki-chan!!!!!!!

Me encanto lo ultimo que agregaste, el analisis del fisico de Leo (*¬*) por parte de Marina, Marina tiene el complejo de superheroe xDDD
Que puedo decir que no te haya dicho por mensajito ya... Me encanta el camino por el que va la historia!!! Los celos de Daniel y Marina protegiendo a Leo, despues Mauro simulando que le cree a Marina x3 me encanta!!!

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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Miér Mayo 19, 2010 2:30 am

wow yuki quiero tu cerebro !!
me encanta !! kyaaaaaaa me gustan los celos de daniel *¬*
sip marina es una superheroina XD
quiero conti conti

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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Jue Jul 22, 2010 3:09 pm

Y luego de varios meses desaparecida Marina volvio xDD Junto con Daniel *¬* y Leo *¬*
Perdonen la demora u.u pero la musa no reaccionaba ^^Uu o estaba ocupada con alguna otra cosa (como SW... Oly *¬*)
espero que lo disfruten
tratare de escribir la continuacion de este cap jjajajaja :P

Disfruten Very Happy


Capitulo 4 “Un día tormentoso”
Marina PoV

Había vientos fuertes que chocaban contra la ventana, grandes gotas que con ferocidad golpeaban los vidrios, el techo y, aun mas, contra el suelo. El cielo no era gris, estaba completamente negro y el día parecía una noche sin luna. Y eran apenas las diez de la mañana. Pocos alumnos habían asistido hoy a la escuela, debido al mal tiempo que al mediodía se convertiría en alerta meteorológica cancelando las clases de la tarde en todos las instituciones educativas pero no nos adelantemos.
Era el segundo día después de la pelea que no fue pelea. Ninguno de los alumnos tuvo problema con ningún profesor. McFire se encargó de correr el rumor de que la mentira que le había dicho a Mauro era nada mas que la pura verdad y todos la creían. Escuche cosas como “Creí que estaban peleando pero al parecer solo era una clase personal de artes marciales”. Palabras mas, palabras menos, eso era lo que básicamente circulaba por la escuela. Por esa razón recibí varias invitaciones para unirme el club de karate, que negué por falta de interés.
Al caminar por el pasillo los pocos alumnos me abrían el paso, los de segundo y tercero que habían iniciado la pelea con Diacri me miraban con recelo y con miedo. También me cruce con los de segundo y con Torres, este ultimo parecía estar muy apenado por algo hasta el punto de sentirse culpable. Le resté importancia al asunto y seguí con mi vida, o al menos eso intente.
Además de la ausencia de varios alumnos también la había de varios profesores, por lo que el director decidió a eso de las 10:30 que lo mejor era reunir a los pocos alumnos en el gimnasio y ver una película. Y nada mas que una que todos aceptan, la Guerra de las Galaxias. Daba la impresión que iba a ser un maratón de al menos una trilogía, con comida “chatarra aceptada por la escuela” y bebidas; y lapsos pasa ir al baño. El director lo planeo todo en quince minutos mientras leía el periódico seguramente.
El mediodía fue justo una pausa para estirar un poco las piernas, ir al baño, tomar un poco de aire y comprar algo de comida en la cafetería. De mi curso solo habían asistido trece, entre los cuales estaban Daniel, Leo, el trío de las chicas malas y miembros del club de fans de Daniel y otro montón mas.

- ¿Marina?- Mauro me llamó mientras yo bostezaba.
- ¿Si?- el ambiente oscuro del gimnasio me había provocado sueño. Sin importar los ruidos de la película que retumbaban en el lugar.
- ¿Me puedes hacer un favor? Necesito que vayas a la sala de maestros y que lleves la pila de papeles de mi escritorio a la sala de fotocopiado y hacerle diez copias a cada una de las hojas.- lo mire alzando una ceja.- ¿Por favor?
- Esta bien, cualquier cosa con evitar dormirme. –me encamine hacia la puerta.
- Blackbird te ayudará, ¿puedes? - ¿en que momento apareció Daniel?
- ¿Eh? Me encantaría- volvió a poner esa sonrisa falsa. Sus ojos parecían ser mas claros ¿Se debería al día?
- Genial, vayan antes de que comience a llover otra vez. La llave de la sala de fotocopiado esta en el cajón derecho.

Mauro nos guiñó un ojo cuando nos empujaba para atravesar la puerta. Caminamos en silencio, uno al lado del otro, por el silencioso pasillo. Solo se escuchaba la lluvia azotando con furor el edificio.
Ambos nos sorprendimos al ver la pila de papeles para copiar. Daniel miraba los papeles casi incrédulo y yo me limite a suspirar, lamentablemente estaba acostumbrada a eso. Busqué la llave en el cajón, que estaba junto con unas pastillas frutales y una revista, y la saque. Esta era una llave magnética con forma de tarjeta. Pertenece a las cerraduras de la parte nueva de la escuela, donde están las salas con mas cosas tecnológicas bajo las cerraduras especiales para evitar ser robadas.
Sin duda la escuela parecía desierta, con todos los alumnos que habían asistido en el gimnasio el resto de lugar parecía por completo un lugar abandonado. Solo faltaban las telarañas y los techos cayéndose a pedazos.
Caminamos uno al lado del otro, llevando la mitad de los papeles cada uno porque soy incapaz de quedar como una chica que no puede hacer trabajo pesado. Al llegar a uno de las salas mas apartadas del segundo piso (si, tuvimos que subir por las escaleras) use la tarjeta y entramos.
No era mucho mas grande que el armario donde se guardan las cosas de limpieza del lugar en general como escobas, baldes, trapos, entre otras. Sin ventanas, la pintura de la pared es de un blanco pálido y el olor a tinta es bastante notable. En un rincón se encuentra la fotocopiadora, a su lado una estantería sujeta a la pared con varias cosas (en su mayoría piezas de cambio de tinta usados de la maquina junto con libros) un tanto pesadas.
Comencé a hacer las copias, hoja por hoja diez de cada una, mientras Blackbird curioseaba un poco. En la copia número cincuenta, cuando la habitación se oscureció, salieron chispas de todo aparato conectado, incluyendo de la fotocopiadora haciendo que yo retrocediera un paso por instinto para evitar las chispas. Por la escasez de espacio choqué contra la estantería haciendo que esta se saliera de la pared y cayeran sobre mi todo lo que tenía. Me agache para protegerme ya que todo sucedió tan rápido que no pude pensar con claridad.
... Dejaron de caer cosas sobre mi cabeza cuando empecé a reaccionar sobre lo que había pasado pero... ¿Por qué solo sentí unas tres cosas de las veinte y algo que había? Al abrir mis ojos todo estaba muy oscuro, salvo por la luz de menos de un segundo de las chispas que aun salían del fluorescente y de la alarma del rincón pero alcanzaba a ver una silueta enfrente mío. Levante mi vista para chocar con unos ojos jades que me miraban fijos en un rostro con una expresión adolorida. Daniel me estaba cubriendo de los objetos.

- Daniel...- lo miré totalmente confundida. El hizo una sonrisa torcida tratando de ocultar el dolor que de seguro estaba sintiendo, permitiéndome ver por un segundo en esa oscuridad sus blancos dientes.
- Es la primera vez que me llamas por mi nombre.- hizo una leve, pero muy dulce, sonrisa que fue sustituida por una expresión de dolor.
- ¡Idiota!- me levante del suelo, me quite de debajo de él y le quite los objetos que habían quedado en su espalda.- ¿Por qué tuviste que hacer eso?- Me molesta ser la damisela en apuros pero aun más que alguien salga herido por protegerme. Pase su brazo por mi hombro para que me usara de soporte, puse mi brazo alrededor de su cintura para evitar que cayera.
- ¿Por que? No sé. Te vi en peligro y mi cuerpo se movió por voluntad propia.- ¿Acaso se había golpeado tan duro la cabeza? En la oscuridad tantee el piso con mis pies para ir a la pared.
- ¿Le dices eso a todas las chicas con las que quedas encerrado?- debía mantenerlo despierto, si se golpeo la cabeza posiblemente tendría una contusión. Lo hice sentar en el piso y que se apoyará con delicadeza contra la pared que consideré mas segura.
- Ah.- fue un quejido de dolor cuando su espalda hizo contacto contra la pared o cuando se enderezo.- Solo se los digo a las que importan y...– mientras buscaba el extintor, para evitar que la fotocopiadora se incendiara y nos matara con sus gases, que debía estar al lado de un mueble de madera escuchaba su respiración un poco agitada.- ...lo diría de una manera mas elaborada.- no pude evitar reir por lo bajo.
- ¿Cómo que?.- sentía curiosidad. El extintor estaba pesado, en buena señal de que estaba lleno. Lo use sobre la maquina mientras lo escuchaba hablar. Podía sentir sus ojos clavados en mi espalda, los míos ya se habían acostumbrado a la oscuridad y los gases del extintor casi me hacen toser pero me lo aguante, no debía parecer débil ante él.
- No podría soportar el ver que salgas lastimada. Seria demasiado doloroso, insoportable... porque tu eres alguien importante para mi. Por eso te protegeré a toda costa.- su tono de voz era dulce y amable, y un tanto serio.- O algo asi- Volví a reír pero esta vez un poco mas fuerte.
- ¿Eso realmente funciona?- reía claramente mientras buscaba el botiquín de primeros auxilios al terminar de apagar los posibles focos de incendios ya controlados.
- Depende de la chica, pero en general si.- respondió claramente adolorido.
- Lo encontré.- me acerque a él.- Déjame ver...

Me arrodille a su lado y con una mano tantee su rostro para saber si estaba herido. Su piel era suave y lisa. ¿En verdad es un chico? Demasiado perfecto para serlo...Mi mano paso de su sien a su cabello, sedoso con algo húmedo... Demonios.

- ¿Tienes tu celular? Yo deje el mío en el salón...- le pedí suavemente, no quería alarmarlo. Sin esperar su respuesta busque en sus bolsillos y lo encontré. Lo prendí para tener algo de luz y vi como salía un poco de sangre de un corte que tenía en la cabeza. – Vaya, lindo modelo.- trate de limpiar la sangre con un poco de gasa del botiquín.
- ¿Estas preocupada por mi?- su tono de voz era mas bajo, se estaba quedando dormido.- Lo puedo ver en tu rostro.
- Ja, ¿Ahora ves en la oscuridad? Creído.- pellizqué su mejilla y note que eso lo despertó.

Me levante y camine hasta la puerta, trate de abrirla pero estaba atorada. Empuje un par de veces pero nada. Un motivo por el cual odiar las cerraduras eléctricas. Con el celular trate de llamar a Mauro.

-..... ¿Hola?- menos mal que tenía señal, al tercer intento.
- Mauro, Blackbird y yo nos quedamos encerrados en la sala de fotocopiado. Él está herido, apúrate.- logre hablar antes de que se cortará la comunicación. Mire la pantalla y decía batería baja. Me acerque a mi compañero.- Blackbird, Mauro llegará con ayuda. Manténte despierto.- No obtuve respuesta, me preocupe.- ¡Blackbird! – lo llame desesperada y , en la oscuridad, lo vi abrir sus ojos un segundo, un destello verdoso lo delato. ¿Qué tan infantil puede ser? Quería que lo llamara por el nombre.- No seas idiota...- era mi turno de actuar.- Preocupando a las personas así... idiota.- me tape los ojos, sabiendo que él me podía ver, como si estuviese llorando y al final de mi oración la voz se me quebró.
- ¡Espera! ¡Yo no quería...!- sujeto mi mano y la saco de mi rostro, acercando el suyo a milímetros del mío. Se notaba sorprendido, pero no soltó mi mano ni alejó su rostro. Yo también estaba sorprendida, pero fue mas por su reacción y por sentir como nuestras respiraciones se mezclaban a esa distancia, el verme reflejada en esos espejos de jade fue una sensación totalmente extraña. Por alguna razón mi cuerpo se paraliza cuando nuestras miradas chocan, es como si me perdiera en ese color verdoso...
Unas voces me sacaron de mi trance, estaban discutiendo sobre algo pero no podía oírlas con claridad, pero aun así no podía desviar mis ojos de la mirada de él.
- ¡No puedes hacerlo!- creo que era la voz de un profesor...
- ¡Tenemos que hacer algo! ........... – era Mauro pero no escuchaba lo que decía por completo, parecía enojado.
- ¡No podemos destruir la propiedad de la escuela!- dijo con total claridad el profesor... no me interesa.- ¡Detente!.- hubo un gran ruido, la puerta se abrió de un golpe (patada para ser exacto ) casi saliendo del marco. Tanto Daniel como yo giramos nuestros rostros para ver quien era. - ¡Diacri! ¡Recibirás amonestaciones! ¡Serás suspendido por romper propiedad de la escuela!
- Oh, lo siento. No sabia que era un delito salvar a unos compañeros.- dijo con claro sarcasmo al entrar.- ¿Se encuentran bien?- a nosotros nos hablo en un tono distinto, mas amable. ¿El también estaba preocupado?
- Leo carga a Blackbird. Tenemos que llevarlo a urgencia para que traten la herida.- Mauro lidiaba con un profesor demasiado estricto y con un alumno herido a la vez, y lo estaba haciendo bien. Como todo un adulto responsable.- Marina ¿te encuentras bien?- se acercó a mi, estando ya de pie, y me sostuvo de los hombros, como si yo en cualquier segundo me desmayara por el shock.
- Estoy bien, solo me golpee un poco la cabeza. Él está mas grave, tiene un corte en la cabeza que requiere puntos.- dije tranquilamente para tranquilizar a mi amigo de la infancia.
- Nestor ¿tienes coche?- pregunto Mauro al profesor estricto.
- Si tengo.- inconscientemente saco las llaves de su bolsillo.
- Gracias por ofrecerte.- Mauro le hizo una sonrisa picara y tomo las llaves- Apúrate Leo, tu también vienes con nosotros Marina.- sujeto mi muñeca y me jaló hacia fuera Antes de salir escuche un suspiro por parte de Leo y un gemido por parte de Daniel al ser levantado. El pasillo estaba un poco mas iluminado pero era debido a las ventanas, seguía lloviendo y habiendo relámpagos. Daba la impresión de que la tormenta había tomado fuerza.

Ok, debo admitir que la imagen de ver a Daniel siendo cargado por el grandote de Leo era como ver a una princesa inconsciente siendo salvada por su príncipe o caballero de brillante armadura, por mas ceño fruncido que tuviera el de ojos verdes. Lo torturare toda su vida con eso, desee tanto tener mi celular encima para sacarles una foto.
Al subir al viejo auto del profesor cuyo nombre olvide... Mauro me contó que un rayo cayó en el patio del colegio y que hizo que el generador de la escuela se pasara de vuelta provocando un cortocircuito en toda la red eléctrica de la institución.
Leo termino viniendo con nosotros, tampoco se quejo demasiado para hacerlo. Simplemente en silencio se quedo atrás con Daniel cuidando de que no se golpeara mucho. Noté como el conductor hacia lo posible para que nosotros nos mantuviéramos conscientes y hablando, estaba igual que preocupado por mi que por Daniel siendo yo la que estaba ilesa. A veces no lo entiendo...

- Blackbird, dime tu fecha de cumpleaños.- le hable cuando note que estaba cerrando los ojos. Me gire en el asiento, sin desabrochar mi cinturón de seguridad, para estar frente a frente. Estaba mas pálido que de costumbre.
- El catorce de – se calló de golpe cuando el auto paso por una loma de burro a gran velocidad. Fulminé a Mauro con la mirada.- Julio.- completo.
- Dentro de dos semanas y media.- hice como que pense en voz alta. Me acerque al oído del conductor.- Ten cuidado, o nos terminaras matando a todos.- La calle estaba mojada, la lluvia continuaba y él conducía como un loco.
- ¿Planeas hacerme un regalo?.- aun golpeado, perdiendo sangre y a punto de perder la conciencia continuaba con su aire engreído y de “soy bueno, debes ser buena conmigo porque lo merezco. Es tu obligación” (o algo así) de siempre.
- Solo si te portas bien.- lo hice sonar como un reto. Mire a Daniel fijo y mi vista se nubló un segundo, pero volvió a la normalidad al mirar a Leo.- Su majestad, ¿cuándo es su cumpleaños? A ti si pienso hacerte un regalo en modo de agradecimiento.- dije con una sincera sonrisa, cosa que pareció molestar a Daniel.
- El 25 de diciembre.- respondió con la vista fija hacia fuera del auto. Esa dureza en su mirada ¿Se debía al reflejo del día en sus ojos o a algo mas?
- Eso es genial. Tendrás dobles regalos, por Navidad y por tu cumpleaños.- Mauro giro su rostro hacia atrás dejando de ver hacia el camino.
- ¡Mira al frente!- dijimos los tres alumnos al unísono en un claro grito de pánico. El maestro obedeció a nuestra suplica.
- Por favor, mantén los ojos en el camino si viajas a esta velocidad.- le pedí.

A los diez minutos llegamos urgencias donde Leo ayudo a bajar a Daniel y Mauro pedía ayuda con su repentina autoridad como maestro. El lugar era un desastre, al parecer estaban funcionando con los generadores de emergencia pero no evitaba que cuanta persona del hospital que pasara me saludara. Mauro nos llevo al hospital donde trabaja mi madre.
Mauro logro que atendieran a Daniel, aunque no le gustó para nada el doctor que le toco, cuando le mostró a la chica que estaba en la puerta el estado de mi compañero, se apresuró y nos dejó pasar.
- Bien, veamos que tenemos. Hola Marina, luego te reviso a ti.- el doctor me guiño un ojo antes de empezar a limpiar la herida de Daniel.

Gregory “Greg” Lience, es uno de los mejores doctores del hospital y este tiene una gran suerte de tenerlo. Cabello rubio con el corte de pelo de Keanu Reeves en la película “Something's Gotta Give”, usa un pendiente plateado en la oreja derecha y sus ojos son de un extraño celeste que dependiendo del día son verdes.

- Iré a ver si necesitan ayuda con algo.- note a mi vecino nervioso.- Mauro acompáñame.
- Claro, tengo que firmar algunos papeles.- No puso resistencia alguna.- Leo quédate aquí y acompaña a Blackbird.- ordeno antes de salir de la pequeña habitación.
- Dime porque estas tan nervioso.- le pedí, estaba apoyada en la pared del pasillo donde había camillas dispersas y pacientes con vía intravenosa.
- Nada.- mintió, lo conozco lo suficiente como para saberlo.- Solo no dejes a Daniel solo con ese tipo.- él iba a guardar su secreto, aquello que lo incomodaba, y yo no tenía ganas de insistirle. Me estaba empezando a doler la cabeza...

Un grito llamo mi atención en cuanto Mauro me dejo sola. Uno de los pacientes del área psiquiátrica comenzó a correr por los pasillos y estaba asustando a los niños... ¿Por qué mezclaron áreas tan distintas? Debe ser por alguna fuga de agua o que alguno de los generadores de emergencia estaba fallando.
Era un hombre de cabello negro alocado, con la cara sucia y ojos paranoicos, estaba asustado por algo y estaba asustando aun mas a los niños.

- Disculpe señor ¿le puedo ayudar en algo?- me acerque a él a una distancia prudente y controlando mi tono de voz.
- ¡Los gigantes! ¿No escuchan sus pasos? ¡Se están acercando!- tomaba su rostro horrorizado mirando hacia todos lados. Otro trueno sonó.- ¡Están luchando! ¡Nosotros estamos en el medio! ¡Debemos huir!- definitivamente alguien del área psiquiátrica...
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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Jue Jul 22, 2010 11:50 pm

Esto si que no me lo esperaba, tengo lectura para esta noche :D (la paso en lo de mi abue asi que me la llevo en el iPod) cuando regrese mañana en la tarde edito esto o te doy una critica por msn ^^

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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Miér Jul 28, 2010 4:53 pm

La segunda parte xDD espero que les guste, no oliven comentar !!!



- Señor, los gigantes si existieron... en el pasado. Pero lo que oímos ahora es el reconocimiento de los dioses.- Marina sonreía con amabilidad, incluso en su mirada no había rastro alguno de la frialdad con la que suele mirar a los demás.
- ¿Reconocimiento?- el hombre de cabello negro con claras canas parecía estar interesado en lo que Marina decía. Ella rió como una niña pequeña que cometió una travesura.
- Les contare una historia.- sonrió de una manera extraña, invitando a todos a acercarse pero a la vez como escondiendo algo.

El hombre dio unos pasos hacia ella y se sentó en el suelo, unos pocos niños presentes lo imitaron y de pronto Marina tenía un pequeño publico a su alrededor. Miro a todos mientras contaba su relato.

- Esta es una historia que sucedió hace mucho tiempo; antes de los celulares, los video juegos y el Internet; de la electricidad, hace mucho tiempo antes de que nuestra ciudad existiera...
>> Nuestra tierra estaba cubierta por grandes llanuras. Kilómetros y kilómetros de pasto verde y flores silvestres, animales enormes paseaban libremente por allí. Había también montañas y montes en los cuales en épocas frías la nieve cubría todo de blanco y en verano o primavera las flores y arboles frutales, junto con animales inofensivos en su mayoría, eran la imagen del lugar.
>> Todo pertenecía a un mismo reino, bajo el mandado de un amable rey. Cuyo pueblo fue bendecido con grandes cuerpos, eran gigantes ¡del tamaño de una de nuestras casas y sus casas eran cuatro o cinco veces más grandes! Nadie sabe como nacieron... de donde vinieron, pero desde el principio estuvieron.... Pero toda vida en la tierra, ya sean animales, plantas o personas tiene que llegar a un fin...

Mientras contaba la historia, gesticulaba para dramatizarle y capar mas la atención de todos. ¿A quien estaría imitando para actuar de esa manera? ¿A Mauro quizás? El publico escuchaba con atención, incluso los adultos prestaban la oreja para oírla.

- El Rey que era amable y bueno, querido por su pueblo y respetado por sus enemigos murió una noche mientras dormía. Era su tiempo, su hora, luego de casi cien años de gobernar.....
>> El rey tenía dos hijos varones, a pesar de que al mayor le correspondía por haber nacido primero el trono, el menor estaba mas capacitado para gobernar el reino por su inteligencia. Fue entonces cuando la corte real se dividió en dos apoyando cada parte a un hijo, siendo el menor con mas personas a su favor.
>> El mayor, dominado por el odio y el rencor, comenzó una guerra en el reino. No hubo manera de pararlos, el menor debía proteger a los suyos por lo que se defendió. Las batallas arruinaron las praderas, y las volvieron marrones... con la naturaleza muerta... La guerra duró tanto que ya nadie sabía porque peleaban, solo sabían que necesitaban sobrevivir...

- ¿Qué sucedió después?- pregunto un niño impaciente ante el silencio de Marina. Ella le sonrió con ternura.
- Ambos se dieron cuenta de que si seguían así, destruirían el reino por el cual su padre dio su vida, pero se dieron cuenta tarde. Los campos ya no daban frutos, de las pocas personas que quedaban la mayoría estaba gravemente herida o enferma.- contestó con serenidad.- Ambos hermanos decidieron tener una batalla final, en la que el que ganara seria merecedor del trono. Quedaron espada contra espada.- imito la pose de sostener una espada y hacia movimientos gráciles que uno podía imaginarse sin problemas la batalla.- El choque de las espadas podría largar chispas, sus ideales estaban en lucha y el futuro del reino también. Pero lamentablemente ambos murieron sin dejar un ganador... Los Grandes Dioses se molestaron de ver el estado en como los gigantes dejaron la tierra pero a la vez se maravillaron con su determinación y valor por luchar por aquello que consideraban correcto. Sin importar el bando, hicieron perdurar en el tiempo su gloria para las generaciones futuras.
>> Los truenos y relámpagos son el ruido de los cañones, para demostrar que la guerra es algo que siempre deja una gran huella.- sonrió con tristeza.- pero a la vez es para recordar a todas las personas que murieron... para que no queden en el olvido esos grandes guerreros... A eso me refiero con reconocimiento de los Dioses.- termino su historia con una sonrisa algo lejana pero dulce.

- ¿Marina?- Mauro llegó con dos enfermeros dispuestos a sujetar al loco.
- Todo esta bien... Señor, ¿puede acompañar a estos dos hombres hasta su habitación? No le pasara nada, se lo aseguro.- uso un tono de voz tranquilizadora.- A nadie le pasara nada, así que no deben temer.- volvió a sonreírles a todos de manera tranquilizadora.
- Señorita....- el loco se paró y paso a su lado ladeando la cabeza mientras sonreía incrédulo.- Fue una buena historia... gracias....

Y sin mas, se fue obediente sin poner resistencia. Mauro chequeó por ultima vez si la chica estaba bien, mientras que el caos del lugar no se calmaba en lo mas mínimo, pero tuvo que dejarla para ayudar a los enfermeros con las camillas.
La chica se apoyo contra la pared una vez que estuvo fuera del rango de visión de los niños, estaba cansada y el joven rubio lo noto al instante. Él la observaba de lejos, mientras cargaba unas cajas, como narraba aquella historia sin su mascara de frialdad que parece tener en el instituto, como los niños y el loco quedaron maravillados con la historia, como los adultos estiraban la oreja para oírla, como ella miraba a todos con amabilidad y cariño, una mirada que había visto solo el día anterior cuando la encontró jugando con algunos niños de un jardín.
El joven se acercó a ella, estando ya libre de los pedidos de las enfermeras.

- Oh, Diacri.- Marina se enderezo al verlo, volvió a tomar su rol de chica fuerte y que nada le importa.- ¿No estabas con Blackbird?- ¿Su pregunta se debió a sentir preocupación por el chico de ojos verdes o solamente quería desviar su atención ya que Leo había notado su cansancio? El joven no pudo evitar preguntarse eso.
- Las enfermeras me pidieron ayuda con algunas cosas...- por no decir que lo sacaron de la habitación y lo obligaron a cargar algunas cajas con medicinas y ayudar con algunas camillas.
- Lo dejaste solo... ¿solo con Greg? – ella se sobre saltó, cierto horror cruzo por su rostro por una idea fugaz en su cabeza.
- Es un doctor y lo estaba revisando...- dice confiado pero mira algo confundido cuando su compañera ríe.
- El príncipe quedara mas traumado.- dijo ella con cansancio.
- ¿Entonces estoy en un rango mayor que él? Siendo yo un ¿rey me habías llamado? Y él un príncipe.- sonrió ante la afirmación que él mismo había deducido.
- Son razones distintas, no tiene nada que ver con rangos...- se paso la mano por el cabello para quitárselo de enfrente y relajarse un poco.- ¿Me acompañas a salvar al príncipe? Así te deberá dos favores a ti y a mi uno.- dijo divertida mientras comenzaba a caminar.

Por el pasillo habían varias personas, pero justo frente al consultorio del doctor Greg no había nadie. La chica iba a tocar delicadamente la puerta cuando escucho algo, su rostro se ensombreció un segundo e inmediatamente abrió la puerta de una patada.

- Greg suéltalo ya mismo si no quieres que te acuse con la Junta Directiva.- Marina estaba furiosa, echaba chispas y se acercaba a grandes pasos casi como un demonio.

Daniel tenía la camisa abierta con un solo botón abrochado y fuera del pantalón, en una pose algo vergonzosa tratando de huir del agarre del doctor, quien tapaba la boca del niño con una mano mientras que la otra la tenia dentro de la camisa de este. Greg mordía la oreja del menor y las mejillas de este estaban dominadas por un sonrojo mientras que en su rostro dominaba la expresión de frustración y cierta confusión.

- Marina.- hablo el mayor.- Es de mala educación interrumpir este tipo de cosas.- dijo solemne mientras soltaba a Daniel.- Es mi tipo.- se paso la lengua por los labios, saboreándolos.
- Eres increíblemente idiota.- se puso entre el doctor y el joven de ojos verdes y metió la mano en la bata de blanca de Greg.- ¿No te las tomaste?- saco un frasco de plástico naranja.- Idiota.- saco un par de pastillas blancas y azules.
- No seas mala, sabes que aun así te quiero cariño.- la atrajo sujetándola por la cintura y le robo un beso, en respuesta recibió un puño y una patada que lo lanzaron contra el gabinete.
- ¡Imbécil!.- lo acuso a los gritos.- Mal nacido, pervertido, estúpido doctor de doble personalidad, paranoico, pervertido, violador, pervertido.- con cada palabra Marina le abofeteaba la cara del, que parecía estar desconcertado, doctor.
- Solo fue un beso.- respondió en su defensa lo que aumento la ira de Marina.
- Tomate tus pastillas de pacotilla.- lo obligo a tragar las cápsulas y salió del cuarto llevándose a Daniel y a Leo consigo, pero antes de cruzar la puerta en su mente brillo por un segundo la razón junto con una idea. Giró su rostro sonrojado por el coraje y dijo con voz firme.- No vuelvas o ni se te ocurra tocar a alguno de estos chicos, ellos me pertenecen.

Durante todo el camino, hasta hallar a una enfermera que terminara de revisar a Daniel, ella estuvo balbuceando toda clase de insultos hacia el joven y, se suponía que era, respetado doctor. Sus ultimas palabras antes de salir del cuarto las dijo para evitar que Leo pasara por lo que paso Daniel, y que Daniel no vuelva a experimentar ese intento.
Greg sufre de doble personalidad, ¿por que? Vaya a saber quien pero por lo que él le dijo una vez a Marina solo había tocado en contra de su voluntad a sus pacientes o a compañeros inclusive, por lo que él hace no es violación en si sino acoso sexual.
Los dos chicos, el de ojos dorados y el de ojos de jade la miraron alzando una ceja. Ella se encogió de hombros y se sentó junto al pelinegro en la camilla, estaba cansada y ya no tenía fuerzas para ocultarlo.

En el consultorio Greg recuperaba la conciencia, comenzando a recordar que había hecho. Se sentía mareado y aun más culpable, se levantó con esfuerzo y al lograr enfocar su vista vio el rostro de Mauro sorprendido un segundo y al otro dominado por la ira.

- Dime que no la tocaste.- Levanto al doctor del cuello de la camisa que llevaba.- ¡Dime que no la tocaste! – El profesor vio el rostro de Marina al pasar, escucho parte de sus insultos e imagino la escena.
- Toqué...- respondía aun un poco aturdido.- al morocho... ella entro y nos separo... la bese y ella me pateo.- relataba a medida que iba recordando con mas detalle. El rostro de Marina dominado por la ira y el enojo es algo que nunca olvidaría.- Me hizo tragar mis pastillas luego de golpearme bastante.- se lleva la mano a una mejilla y hace un gesto por el dolor.- Pega duro.- también comenzó a sentir dolor a un costado de su estomago donde recibió la patada.
- Menos mal...- Mauro lo soltó aliviado, y se marchó ignorándolo.

El caos en el hospital estaba un poco mas calmado a la tarde, cuando la tormenta calmó un poco y la luz pudo volver. Las enfermeras tenían aun mucho trabajo, los doctores también, y el profesor y el alumno rubio tuvieron que ayudar cargando cajas, llevando camillas, ayudando a los pacientes, y así hasta llegada la noche.
A Marina la revisó su madre, y no registro problema alguno solo que su cuerpo estaba agotado físicamente y cansado por mucho estrés. Pidió una habitación para que ella pasara la noche, habitación que le toco compartir con Daniel.
Ambos quedaron en observación, conectados a las maquinas para detectar si alguno sufría algo. Ella se durmió al instante en que su cabeza toco la almohada, Daniel tardo mas por los medicamentos que en vez de darle sueño tuvieron el efecto contrario. Leo tuvo que quedarse con ellos, ya que era demasiado tarde para que volver a casa, Mauro lo obligó a quedarse por la hora y porque las calles estaban cerradas por los destrozos de la tormenta.

- Tu eres Leo ¿Verdad? Todas mis compañeras están agradecida por tu ayuda.- habló Susan, la madre de Marina, mientras terminaba de arropar a su hija ya dormida.- Puedes dormir en esa cama si gustas, es mejor que dormir en la silla.- Sonrió pícaramente al señalar la cama que esta junto a la de Marina.- Daniel...- miro al joven que estaba en la cama de enfrente, su palidez era mayor y se le comenzaban a notar una ojeras debajo de sus ojos.- Gracias por cuidar de mi hija, a ambos...- les sonrió con amabilidad. Leo se sorprendió al oírla y al mirarla mas fijo noto algunos rasgos similares a los de su compañera como su pequeña nariz o incluso la amabilidad en sus ojos que ocasionalmente aparece en los ojos de Marina, definitivamente eran madre e hija. – Les traeré algo de buena comida.

Les guiñó al salir silenciosamente por la puerta sin querer despertar a su hija. Leo miró a Daniel un segundo y suspiro, termino acostándose boca arriba en la cama que Susan le había indicado.
Noto que la cama no era tan mala como suelen decir, era bastante cómoda comparada con otras en las que había dormido; tampoco era tan ruidoso como decía, era silencioso comparado con tener una construcción las veinticuatro horas enfrente; el aroma del lugar no era de humedad o viejo, como había oído, era placentero y podía detectar un leve rastro de rosas... El perfume de la madre de Marina, pero también uno de lavanda bastante gastado ya... inconscientemente se giro hacía un costado mirando a Marina, era su perfume, su esencia si lo pensaba de manera mas profunda. Terminó recordando como ella fácilmente había luchado contra una pandilla, la actitud hacia los demás y o diferente que es cuando trata con niños pequeños.
Daniel por su parte, sentía como su cabeza le latía, estaba considerando la idea de que en cualquier momento de su cabeza iba a brotar un alíen o algo similar por el dolor que sentía. Estuvo pensando también en su día, lo peculiar que había sido. A pesar del dolor que sentía estaba feliz de haber estado encerrado junto con Marina, feliz de protegerla y aun mas feliz al recordar el rostro de ella preocupado por él. Sonrío al recordar la voz de ella pronunciando su nombre, al sentir su cálida mano sobre su piel buscando la herida en su cabeza.

Ambos chicos se quedaron profundamente dormidos sumido en sus pensamientos, sin saberlo ambos terminaron pensando en la misma chica, de una manera u otra ambos estaban conectados por mas diferentes que sean uno del otro. Durmieron tan plácidamente que ninguno se despertó hasta la mañana siguiente cuando les llevaron el desayuno.

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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Miér Jul 28, 2010 9:05 pm

Me gusta :D el cuento de los gigantes esta buenisimo!!!
Nee que observador es Leo *-* Pero quien me mata es Mauro, amo a Mauro!!! (y eso que es personaje secundario) Me lo pude imaginar furioso con Greg y a punto de matarlo Very Happy
Ya quiero ver como sigue esto Yuki!!!

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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Jue Jul 29, 2010 1:49 am

Adicta Adicta Adicta !!!
Yuu quiere mas !! *w* cara de perrito
Daniel

Me gusto la historia de los gigantes, y la explicacion de los truenos ^^

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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Dom Oct 24, 2010 3:32 pm

Saben que me sucedio con este cap? se me acabo la inspiracion Very Happy por eso quedara hasta donde esta Very Happy se los debia, pero es uqe desde ahce meses que etsa parado .^^Uu

Capitulo 5: Y despues de la tormenta...

Me veía a mi misma, cuando tendría unos ocho años, corriendo por los pasillos del enorme hospital... ¿Estaba usando un vestido azul? Si, así era... recuerdo que mi madre había insistido en ello. Todos me elogiaban, diciéndome lo linda que me veía,: Mauro, mi papá, los enfermeros y enfermeras del lugar, las personas del comercio por el que pasamos antes de llegar al hospital.... Sin duda una de las cosas mas insoportables de mi infancia...
¿Estaba huyendo de esos comentarios que solo hacían que sintiera pena y vergüenza? No... yo... iba a ver a esa persona... Quien reside en esa habitación, con vista especial al parque, en el tercer piso...
Subí las escaleras, recuerdo la agitación que sentía por no estar acostumbrada a hacer ejercicio, y abrí la puerta con fuerza. La luz del sol que entraba por la ventana me segó por un momento pero al acostumbrarme un poco pude ver la silueta de alguien sentado en la cama. Al enfocar un poco mejor, logre ver : su cabello castaño y largo, la bata verde de paciente, su piel algo pálida y extrañamente una hermosa sonrisa en el rostro, con ella me estaba dando la bienvenida.

- Mar, es hora de levantarse- esa voz era de Mauro, dulce y cálida como siempre.- Arriba bella durmiente.- Era él, lo confirme al abrir solo cinco segundos mis ojos y luego volver a mi descanso.
- Mauro, deja de meterte en mi cuarto mientras duermo.- cosa que esta acostumbrado a hacer en vacaciones, para mi desgracia. Me tapé por completo con las sabanas, sentí algo diferente en el entorno. Pero no lo analicé en ese momento.- Le diré a mi papá y le pediré su arma.- lo amenacé, cosa que es mi manera de pedirle silencio. Escuche algunas risas.
- Será que... ¿Prefieres que él te despierte con un beso Marina? Como cuando eran niños...- esa voz pertenece a mi.. ¿madre?
- ....- me quite las sabanas de mi cabeza, me senté mirando a mi alrededor tratando de enfocar para saber donde estaba.- No gracias. Ya es suficiente conque Greg haya robado mi primer beso...- bostecé al ver a mi madre con una bandeja , que sin duda, no era comida del hospital y recordé todo.
- ¿Primer beso?- preguntó de manera inocente Mauro, quien estaba sentado en una silla junto a mi cama pero apoyaba sus codos en ella apoyando su rostro en sus manos. Tenía una sonrisa traviesa, sin duda por un recuerdo compartido.
- Los besos que te di a ti no cuentan porque era una niña y además eres como un hermano para mi.- dije de manera tan franca que no podía creerlo. Por mi mente paso el recuerdo, que estoy segura que también paso por la mente de mi amigo, de mi con unos cinco años de edad besando a Mauro en los labios de manera inocente (pero no deja de ser un beso.) para animarlo; lo veía algo triste y sin fuerzas... e imite a mi madre en ese entonces, ella siempre besó a mi padre y este parecía recuperar toda su energía sin mencionar que siempre volvía a sonreírnos... yo, en ese entonces quería ver la sonrisa de mi amigo porque no me gusta verlo triste....
- Me alegro que no lo hayas olvidado.- dijo él sonriendo.- Había sido cruel de tu parte olvidarte de cómo me robaste mi primer beso.- ahora sonreía pícaramente. Mauro tenía unos trece años de edad en ese entonces.
- Ashh, cállate.- dije avergonzándome al punto de que en mis mejillas aparecieran un traicionero sonrojo, me desespere y trate de ocultarlo al concentrarme en mi cabello. Era un desastre. Observé mi ropa, mientras mi madre y Mauro reían,: llevaba solo mi musculosa puesta, alguien me había sacado la camisa y saco del instituto; tampoco tenía la falda, solo me encontraba en shorts. - ¿Quién me desvistió?
- Yo lo hice, cuando tus amigos se durmieron...- respondió mi madre de manera risueña.

Mire a mi izquierda y vi a un Leo durmiendo tranquilamente mirando hacia mi. Parecía disfrutar de la comodidad de la cama, de su descanso. En la cama frente a la mía estaba durmiendo Daniel, tenía un vendaje en la cabeza que según mi madre fue para que no se lastimara al rascarse (dormido se rascaba los puntos).
Me levante y fui al baño, me lave el rostro con el agua fría y cepille mi cabello con un peine que mi madre siempre carga encima en su estuche de “Todo lo que una chica necesita” Lo deje allí para los chicos cuando despierten.
Volví a mi cómoda cama de hospital, y Mauro me recibió con un caliente café con leche. Lo bebí con cuidado, como si fuera un elixir mágico y preciado que debía respetar.


La mañana era totalmente distinta al día anterior: un cielo celeste despejado con solo unas nubes blancas dispersas; ramas y arboles caídos sobres las calle que el servicio correspondiente se encarga de quitar del camino; posos inundados; casas inundadas cuyos habitantes se encuentran quitando el agua en estos momento con la ayuda de baldes y cacerolas; se podía apreciar un hermoso arco iris que intentaba no pasar por desapercibido y varios pájaros cantando y revoloteando.

En los pasillos del hospital era todo como un día normal. Enfermeras y enfermeros repartiendo los desayunos, doctores visitando a sus pacientes y algunos parientes bebiendo cafés para superar la mañana.
Un pequeño grupo de enfermeras dejaron a la suerte quien les llevaría el desayuno al misterioso chico morocho, tan atractivo que valía la pena observarlo mientras dormía como si fueran unas acosadoras; y al joven rubio que las ayudo cuando mas lo necesitaban, su “héroe vikingo” lo había llamado la mas joven y fanática de las novelas románticas del grupo. Lo decidieron por medio del clásico “piedra, papel o tijera” y con un pequeño niño como juez.
La llamativa entrada despertó a ambos jóvenes, las dos enfermeras se esforzaban por mantener el equilibrio con tantas cosas y por esa razón zigzagueaban incluso cuando entraron al cuarto.

Leo se despertó y lo primero que vio fue a Marina bebiendo su café. Acostado, estuvo unos segundos mirándola, notando por primera vez esa elegancia similar a la de su madre, los delgados brazos pero levemente formados demostrando que hace ejercicio; su cabello sedoso y largo que como toda chica cuidaba; su cuerpo bastante desarrollado que el uniforme cubría diariamente y ahora era capaz de verlo gracias a esa musculosa ajustada a su cuerpo. Ella posó su mirada en él y le sonrió con bastante energía, ella estaba de muy buen humor.

- Buenos días.- le dijo sonriente, con amabilidad, y hasta con sincero aprecio en sus palabras.
- Buenos días....- respondió él somnoliento al sentarse y revolver aun mas su rubio cabello. Se reprendía mentalmente por pensar eso de la “chica suicida”, y recordó donde se encontraba al poner sus pies descalzos sobre el frió suelo. Miró sorprendido al notar la bandeja repleta de comida para él.
- Parece que tienes un club de fans Leo.- Mauro lo decía casi como si se burlara de él, aunque esa no era su intención luego de saludarlo también.
- Es su manera de decir “Gracias por habernos ayudado ayer” de parte de mis compañeras.- Susan juntaba sus manos emocionada por el orgullo de que su hija tuviera a dos buenos chicos como amigos. Ya que ella considera a Daniel y a Leo como amigos de su hija. E imaginaba ya reuniones en casa de ella con sus amigos, la sola idea la llenaba de dicha.
- No fue nada...- se limito a responder, mas bien lo habían obligado pero él tampoco se negó en ningún momento. Se sentía extraño allí, y debía escapar aunque sea un segundo.- ¿El baño?
- Por allí.- Señaló el profesor.
- Gracias...- murmuró y se metió en el baño. El agua fría le permitió analizar mejor lo que estaba sucediendo, asimilarlo y de decirse a si mismo que esa calidez y ese “Buenos días” no se convertiría en algo cotidiano por lo que no debe acostumbrarse a ello.

Por otra parte, Daniel despertó algo adolorido y desorientado. La sonrisa de la enfermera que depositaba lo más delicado que pudo la bandeja encima de la pequeña mesa. Observó en silencio el como Marina saludo a Leo y no pudo evitar preguntarse cual es la diferencia entre ambos. Ella siempre lo trata mas amablemente a él....

- Daniel.- le saludó Susan.- Buenos días.
- Buenos días Blackbird.- el saludo de Marina fue el normal pero para el joven de ojos verdes había un abismo de diferencia comparado con el saludo que le dio al chico rubio.
- Ya tienes otro club de fans.- le dijo el profesor casi burlándose en serio.
- Eres todo un rompe corazones, me pregunto cuando Marina caerá bajo tu encanto.- Dijo Susan riéndose cuando el profesor y su hija le lanzaron una mirada más asesina que la otra.
- Creo que nunca, a este paso me fijare en Greg – dijo riéndose... ¿sinceramente? En realidad ya nadie podía notar la diferencia, solo Marina. Daniel, por mas que la mirara diariamente no podía detectar la diferencia y eso le frustraba.

Cuando ella terminó su desayuno se levantó y comenzó a estirar su cuerpo con movimientos básicos. No le gustaba sentirse dura o rígida. Daniel no pudo evitar mirarla con detenimiento, su figura que resaltaba con esa ropa ajustada. Uno de los sueños de cada chico, ver a la chica que le interesa hasta no saber cuanto, en shorts y musculosa ajustada que le daba un aire sensual (solo en su mente pervertida).
Al rato llegó Greg para revisarlos, diciendo que a Marina ya le podía dar el alta y que Daniel debía volver en una semana para quitarle los puntos.

- Genial.- ella se estaba poniendo la camisa del instituto al notar la obviedad con que Daniel la miraba. – Greg, luego me recompensas el beso con una cita o un helado.- dije con autosuficiencia. El joven doctor rió.
- Mar, es básicamente lo mismo.
- Tienes razón, de cualquier manera terminare tirándote algo encima.- aun estaba algo enfadada con el beso. Se puso la falda también.- Iré a ver a mi príncipe, si me disculpan, Princesa, Su Majestad.- hizo una reverencia burlona a sus compañeros y salió de su cuarto,

Caminó por los pasillos con saludando a algunas personas y sonriéndoles de manera esquiva para poder llegar a su destino. Mientras subía las escaleras sintió un deja vu y se reía por lo bajo por estar haciendo lo mismo que en su sueño.
Llego a esa habitación y abrió la puerta, de la misma manera que antes la luz del sol la cegó por un segundo pero al siguiente logró ver el lugar. Había: una maquina que lo ayudaba a respirar apagada, un electrocardiograma que registraba los latidos del corazón del paciente y un monitor para observar los signos los signos vitales del joven comunicado con la alarma en caso de que su corazón falle.

- Marina.- la enfermera que atendía la habitación la saludó con una amable sonrisa. Claire era su nombre.
- ¿Cómo paso la tormenta?
- Fue una gran sorpresa, debido a la falla de energía el ventilador se apago pero él pudo respirar por si mismo. Ante esto, los doctores pueden disminuir un poco su medicina para ver su reacción.- Dijo pueden porque los familiares del paciente no quieren intentar todo lo posible para que despierte de su coma....
- Eso es genial....- Marina sabe que no debe ilusionarse ya que despertar de un coma es algo muy difícil y raro... por mas medicina moderna que haya.
- Te dejare sola con él, de seguro se alegrara si te siente aquí.- le dedico una de sus sonrisas dulces a Marina y salió de la habitación.

La joven estudiante de instituto se acercó a la ventana y la abrió solo un poco, lo suficiente para que una brisa quitara el olor a humedad de la habitación.

- Hubo una gran tormenta, y mira ...- tuvo que usar su mano para crear una sombra sobre los ojos debido al intenso sol.- Ahora hace un espléndido día!!

Se acercó a la cama del paciente, un joven de cabello castaño largo y piel blanca. Un Bello Durmiente sin duda, alguien importante para ella. Sujeto su mano con cariño y le contó lo que ella había vivido desde su ultima visita. Sobre las personas que conoció y hasta que punto se divertía con ellos. Admitió estar interesada en ellos, de alguna manera a su estando a su alrededor cosas interesantes suceden, por mas estresantes que sean. Dijo muchas cosas, las susurro porque eran cosas que no diría otra vez
Ella terminó al cabo de unos minutos y se despidió dándole un beso en la frente.

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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Dom Oct 24, 2010 4:26 pm

yuu esta curiosa !! >.< quien es el joven en coma ?? o.o
Espero conti pronto !!!

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MensajeTema: Re: Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P   Miér Abr 06, 2011 7:59 pm

Yuu no es la unica, a mi tambien me intriga, quien sera? (teorias: su mejor amigo, su primer amor, su hermano o primo)
Prometo hacer una review decente para el proximo capi :)

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Todo dentro de mi se estremece cuando vienes tu, y cuando me tocas siento como derrites mi interior, era tan inocente no me di cuenta y cai ante ti pero me enloqueces con todo lo que tienes tu~
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Normandie, muchas historias... una misma ciudad :P
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